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Ahora o nunca

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Finalmente ha sucedido. El tropiezo del Real Madrid con el que tanto se había especulado en las últimas semanas es una realidad. Al igual que le ocurriera al FC Barcelona, los blancos se han dejado dos puntos en el “Tourmalet” que debían afrontar pocas jornadas antes de que concluyera la competición. El azar ha querido que como ya ocurriera en la temporada 1993/94, fuera un portero del Valencia CF el que le entregara el título de liga en bandeja a un conjunto azulgrana que, a pesar de que no ha mostrado una euforia desmesurada, se siente practicamente campeón con el empate de los blancos.
En aquella ocasión, fue el guardameta González quien acabó con las ilusiones del “Superdepor” de Arsenio Iglesias, atajándole una pena máxima a Miroslav Djukic sobre la bocina. Más de dos décadas después y a falta de dos jornadas para que finalice la competición, ha sido Diego Alves quien defendiendo también la camiseta valencianista se ha encargado de convertir al Barça en virtual campeón de liga. El ex del Almería se convirtió en un muro infranquable que con la ayuda del travesaño impidió que el Real Madrid lograra la victoria, un triunfo que hubiera otorgado a los de Ancelotti la posibilidad de ejercer más presión sobre un Barça que debía afrontar la semana próxima una difícil visita al Vicente Calderón.
Con una actuación para el recuerdo, el portero brasileño del Valencia no solo estuvo acertado en todas las jugadas en las que participó, también detuvo un penalti como ya hiciera su antecesor, en esta ocasión a un Cristiano Ronaldo que vio impotente como su fallo resultó decisivo en un marcador final que reflejó un empate a dos insuficiente para los merengues.

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En Barcelona, con los aficionado volviendo a casa tras una trabajada victoria ante la Real Sociedad, los transistores radiaban como el Valencia llegaba al descanso en el Bernabéu con un resultado de 0 a 2. Una victoria momentánea que no hacía mas que crear expectación en una afición culé ansiosa por poder cantar el alirón ante el asedio blanco de las últimas jornadas. Como no podía ser de otra manera, el carácter ganador del Real Madrid a punto estuvo de proporcionarle la remontada y como consecuencia de ello los tres puntos, no obstante y pesar de que anduvieron extremadamente cerca, dos puntos volaron de la capital y con ellos más de media liga.
A pesar de que matemáticamente no se ha logrado ningún título todavía, todo parece indicar que Luis Enrique cerrará brillantemente su primera temporada al mando del equipo azulgrana, algo que no parecía creíble tiempo atrás. El asturiano ha vuelto a ser fiel a su estilo de preparación, llegando a la fase definitiva de la campaña 2014/15 con sus jugadores frescos y motivados.
Este Barça tiene hambre, lo demuestra en todos y cada uno de los encuentros que disputa, las finales que restan para poder celebrar un nuevo triplete histórico se han visto reducidas a cuatro, puesto que a pesar de que faltan todavía cinco partidos para concluir todas las competiciones, los barcelonistas pueden permitirse un tropiezo en liga.
Mientras que este Barça tiene tres vías abiertas para lograr alzarse con algún título a final de temporada, el eterno rival se encuentra arrinconado entre la espada y la pared. El tropiezo ante el Valencia lo ha dejado sin alternativas, el todo o nada del próximo miércoles ante la Juventus marcará el futuro del equipo y de su técnico, el mismo que en una situación similar el pasado año logró levantar “la décima” “in extremis” para salvar así su cabeza después de un decepcionante tercer lugar en liga.

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Llegados a este punto el aficionado culé debe elegir, debe decidir si quiere demostrar su valentía o si por el contrario quiere evitar sobresaltos innecesarios que puedan acabar torciendo un final de temporada triunfal.
Una final Juventus-Barça sería la opción menos atrevida, la elegida por aquel aficionado amante de la tranquilidad, que tras haber sumado un doblete de Copa y Liga pueda disfrutar de una finalísima sin el temor a que el eterno rival pueda dejar en nada estos dos títulos.
La otra evidentemente nos muestra al seguidor ambicioso, el que no contento con el doblete quiere el triplete y lo quiere ante el eterno rival, algo que esta vez sí sería insuperable pero que de salir mal puede dejar unas terribles secuelas en una masa social con fama de insegura y pesimista.
Este Barça ha demostrado durante los últimos años que no hay motivos para temer a nada ni a nadie, quizás sea el momento pues de coger el toro por los cuernos y desear que el Real Madrid sea capaz de pasar su eliminatoria y plantarse en la final de Berlín. Démosle al mundo lo quiere, al igual que hicieron los púgiles Meyweather y Pacquiao hace unas semanas, vivamos el que sí será con toda seguridad el partido del siglo, un Barça-Madrid en una final de Champions, un acontecimiento en el que el ganador y el perdedor lo serán mucho más que en cualquier otro enfrentamiento, un partido que de ganarlo le aportaría al Barça un crecimiento desmesurado respecto al eterno rival, y que de perderlo supondría un auténtico varapalo difícil de superar, un tragedia de la cual no obstante, acabaríamos por levantarnos como hemos hecho siempre.

Un pensamiento sobre “Ahora o nunca”

  1. El partido contra el Valencia no ha hecho más que demostrar los problemas que ha tenido este año el Real Madrid contra los equipos de nivel a los que se ha enfrentado. Tanto si es capaz de superar a la Juve como si son los italianos los que acceden a la final de la Champions, ambos equipos no serían favoritos ante el Barça actual, y deberían estar mucho más preocupados de lo que lo estaran los azulgrana.

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