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Radiografía de un tropiezo

Los derbis son partidos especiales. Sé que suena a tópico. Pero no lo es. Cuando cualquier analista, comentarista o periodista dice aquello de “en un derbi puede pasar cualquier cosa” tiene más razón que un santo. Y es que en partidos entre equipos de la misma ciudad o comunidad autónoma, la rivalidad es tal, que cualquier factor externo o simplemente estadístico no sirve absolutamente de nada.

El Barça llegaba a Cornellá-El Prat como una apisonadora. Quizás lejos del juego alegre y vistoso que lo ha caracterizado los últimos años. Pero con una racha de 29 partidos sin perder y unos números que asustan a cualquiera. El Espanyol por su parte parecía recuperado de un inicio de temporada realmente gris, en el que había alternado victorias de prestigio, como la cosechada frente al Atlético, con derrotas exasperantes, como las sufridas en casa ante Leganés o Girona.

El hecho de que se tratara de unos cuartos de final de Copa, con bastantes no habituales en los onces, descafeinaba un poco el encuentro. A lo que debemos añadirle factores como las bajas temperaturas y que se trataba de un día laborable. Prueba de ello es la media entrada que registró el coliseo blanquiazul. Algo ciertamente inverosímil para tratarse de un derbi catalán.

Es cierto que Valverde también se tomó el partido de manera descafeinada. Como ya hiciera frente al Celta en la ronda anterior alineó hasta 5 teóricos suplentes en el once. Cillessen, Digne, Denis Suárez, Aleñá y Aleix Vidal confirmaban la política de rotaciones que ha utilizado el técnico azulgrana hasta la fecha. Quizás esta vez un tanto más innecesaria, teniendo en cuenta que, como hemos dicho al principio, en un derbi todo puede pasar.

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Foto: Mundo deportivo

Bajo mi punto de vista no había motivo para tanto cambio, para tanto descanso a teóricos titulares. Se trataba de unos cuartos de final de Copa. De un partido fuera de casa y no en un campo cualquiera; en un estadio en el que el Barça suele sufrir año tras año. Y tampoco el calendario invitaba a realizar tanta rotación. La ventaja en Liga es cómoda y el calendario no excesivamente severo. La Champions todavía nos queda algo lejos a mediados de enero. Por lo tanto, ¿eran necesarias tantas rotaciones?

Claro que es ventajista proponer esta pregunta a toro pasado. Si Messi transforma la pena máxima y el encuentro acaba 0-1 no existiría tal cuestión. Pero no fue así. Y por ello hay que buscar el motivo que causó la derrota. Un tropiezo que también tiene culpables en el otro bando, por supuesto. El Barça fue de más a menos. Pero porque tuvo delante a un equipo que hizo todo lo contrario; ir de menos a más. Y esa aceleración paulatina tiene un artífice con nombre y apellidos; Diego López.

El Espanyol apenas inquietó el marco de Cillessen durante los primeros 60 minutos de partido. EL Barça vivió tranquilo en la creencia de que tarde o temprano llegaría el gol. Y tampoco se esmeró demasiado en buscarlo, ya que el 0-0 no era para nada mal resultado. Pero finalmente una acción que debía suponer el cierre de una eliminatoria de 180 minutos fue lo que la dejó más abierta que nunca. El penal de Messi era el adiós del Espanyol de la Copa. El 0 a 1 hubiera acabado casi por completo con las opciones blanquiazules de pelear por el pase. Pero la antológica parada de Diego López supuso el efecto contrario. Algo que me lleva a pensar que si el colegiado no hubiera señalado el punto fatídico es probable que el partido hubiera acabado 0 a 0.

radiografia de un tropiezo

Foto: Fourfourtwo

Pero sí lo señaló. Y el ex portero del Real Madrid revolucionó el partido con una estirada digna de los porteros de antaño. Tan sutil que en las repeticiones a cámara lenta uno no podía evitar mantener la boca abierta. Desde ese instante el partido cambió por completo. El Espanyol comprobó que el Barça que venía actuando como una máquina perfectamente engrasada era realmente humano. Que podía fallar como Messi falló el penalti. Y se lo creyó. Bastó con un par de “arreones” y el aliento de su público para llevarse el gato al agua con un gol de tiralíneas de Melendo cuando más duele, en los minutos finales.

Al final el que parecía ser uno de los derbis más descafeinados de los últimos años acabó por convertirse en un partido caliente de los de antes. Un primer round que dejó al Barça tocado pero no hundido de cara al combate de la próxima semana. Y que sirvió una vez más para confirmar que los derbis son partidos diferentes y especiales en los que nada es imposible. Diego López fue el héroe de la noche para la parroquia perica. En el bando culé puede que hubiera más de un culpable.

Foto Cabecera: Daily Mirror

El enésimo reto de Valverde

Las circunstancias han querido que los primeros meses de Ernesto Valverde al frente del FC Barcelona estén plagados de retos. Y no me refiero a los habituales desafíos que conlleva sentarse en el banquillo del Camp Nou, como intentar buscar las victorias con el juego más vistoso posible. Me centro en situaciones poco corrientes en el club barcelonista, problemas con lo que ha tenido que lidiar el ex técnico del Athletic y de los que, por el momento, ha conseguido salir airoso.

La sorprendente marcha de Neymar supuso el primer muro en el camino. ¿Cómo suplir a un jugador de este calibre? Una pieza fundamental en el esquema culé que además estaba perfectamente asentada en la plantilla aportando un gran rendimiento. Más tarde llegó el primer varapalo de la temporada. La derrota frente al Real Madrid en la Supercopa de España no fue un tropiezo cualquiera. En los últimos años se había perdido algún partido frente al eterno rival, pero en ninguno de los casos te había pasado por encima. Y en esta ocasión sucedió. En el cómputo global de ambos encuentros los blancos fueron mejores y la sensación de inferioridad azulgrana realmente alarmante.

No acabaron ahí los contratiempos. Tras un verano más que movido el recambio de Neymar aterrizó en Barcelona. Pero no lo hizo con buen pie. En la cuarta jornada de Liga Dembéle, el hasta entonces fichaje más caro de la historia del FC Barcelona, se rompía en Getafe, dejando cojo el tridente barcelonista para lo que restaba de año. Un nuevo desafío para el “txingurri” puesto que Deulofeu defraudó ya desde un primer momento y Alcácer no parecía una opción fiable para actuar como extremo.

A todo esto debemos sumarle otra serie de contratiempos. Luís Suárez estaba lejos de su mejor versión. Y no solo me refiero a nivel anotador. El uruguayo no veía puerta y, lo que era más preocupante, se mostraba errático en todas sus acciones sobre el terreno de juego. Sam Umtití, quien había rendido a un nivel superior durante los primeros meses de temporada, también caía lesionado precisamente pocas semanas antes de visitar el Santiago Bernabéu. Dejando la zaga culé en manos del, hasta entonces defenestrado, Thomas Vermaelen.

Con todo esto y mucho más podríamos catalogar la primera etapa de Valverde al frente de la nave azulgrana como “movidita”. ¿Y cuál ha sido el resultado? El resultado ha sido majestuoso. Como si de un extintor se tratara el “txingurri” ha sabido sofocar todos y cada uno de los fuegos que han ido amenazando la salud del conjunto que dirige. Los números son a día de hoy inmejorables. El equipo está imbatido, es líder destacado en Liga y disputará los octavos de Champions y los cuartos de Copa. El ex técnico del Athletic supo encontrar soluciones técnicas y tácticas a todos los contratiempos nombrados. Sacándole el máximo jugo a una plantilla que parecía a primera vista insuficiente para luchar por los títulos importantes de la temporada.

Pero los retos no han hecho más que empezar para Valverde. Quizás el que debe afrontar de inmediato es un tanto más previsible que los anteriormente citados. Pero también este requiere una solución a la altura de las circunstancias. Y es que el calendario ha querido que el Barça dé por finalizada la primera vuelta de campeonato en Anoeta, un estadio que se le resiste y de qué manera en los últimos años.

La visita a la Real Sociedad se convirtió en un escollo insalvable para los dos técnicos más laureados de la historia del club. Ni Pep Guardiola, ni Luis Enrique lograron salir victoriosos de sus respectivos compromisos ligueros disputados en Donosti. Tampoco lo consiguió Gerardo Martino. 5 derrotas y 2 empates son los resultados cosechados por el conjunto azulgrana en los últimos 7 años. Números realmente escalofriantes para un equipo poco acostumbrado a estas dinámicas como el Barça.

Una vez más la destreza de Ernesto Valverde para superar desafíos será requerida. Esta vez el reto nada tiene que ver con lesiones, traspasos o situaciones inesperadas. Esta vez es solo fútbol. ¿Podrá el “txingurri” acabar con la maldición de Anoeta? Visto lo visto hasta la fecha, si hay alguien capaz de conseguirlo ese es el técnico de Viandar de la Vera.

Foto: Nuevo Fútbol

Leo Messi, “Veni, Vidi, Vici”

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La visita del FC Barcelona al Estadio Vicente Calderón, tras dos primeras jornada de liga algo desdibujadas, resultaba ser un escenario perfecto para medir el estado de forma de un equipo que, lejos de atemorizar a sus rivales con un juego arrollador, había creado alguna duda acerca de su salud deportiva. Sigue leyendo Leo Messi, “Veni, Vidi, Vici”

Minimalismo en Can Barça

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“No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. El refranero español nos muestra con este dicho popular el fiel reflejo de lo que está sucediendo en Can Barça en las últimas semanas. Mal acostumbrados a que los encuentros del conjunto azulgrana se convirtieran en un goteo incesante de goles, atravesamos en este momento un punto completamente opuesto al que nos elevó al séptimo cielo con los éxitos cosechados a finales de la temporada pasada. Ya lo dijo algún iluminado; “El fútbol consiste en marcar un gol más que el contrario”, y no le faltaba razón, la cuestión es saber conformarse con la suma de los puntos sea cual sea el método o la vía para conseguirlos. Es cierto, quizás pueda parecer algo ventajista resaltar positivamente la virtud del FC Barcelona por conseguir con tan solo dos goles, los seis puntos que se han disputado hasta ahora en la Liga BBVA, si en su día nos hartamos de criticar el fútbol extremadamente directo que practican los equipo de Jose Mourinho, frente al virtuosismo culé que intentaba llevar el balón a la portería rival tras 250 pases perfectamente hilvanandos, ahora no podemos venerar el hecho de conseguir las victorias por la mínima y en casa ante rivales netamente inferiores, pero las circunstancias nos obligan a no ser exigentes con el “como” se alcanzan los triunfos.

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La triste imagen que dio el equipo en el Supercopa de España encendió las señales de alarma en una afición que no esperaba tal batacazo, provocando que la visita a San Mamés de la primera jornada se convirtiera en un examen que debía ser aprobado sin florituras. Superado el primer escollo se presentaba en el Camp Nou el Málaga CF, una visita que durante muchos años se ha considerado como plácida, pero que tras los antecedentes de la temporada pasada creaba cierta inseguridad en el ambiente. Y es que los de Javi Gracia fueron los únicos capaces de parar la maquinaria culé cuando esta se encontraba en pleno auge, no solo restándole un total de 5 puntos al casillero azulgrana, sino logrando que su equipo mantuviera su portería imbatida durante los 180 minutos de los dos partidos de liga, algo de lo que muy pocos equipos pueden presumir.
El equipo malacitano no defraudó a aquellos que vaticinaron que el Barça debería sudar sangre para doblegarlo, convirtiendo su área en un auténtico fortín. Un entramado defensivo perfectamente llevado a cabo por una zaga andaluza que resguardaba la mejor arma visitante, un portero que al igual que ocurre con el buen vino parece mejorar con los años. Crearle ocasiones claras de gol al Málaga no fue tarea fácil, oportunidades que cuando llegaron fueron desbaratadas por un Carlos Kameni que cuajó un encuentro sensacional y que a punto estuvo de convertir el parón liguero en un periodo poco agradable para los azulgranas.

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La persistencia fue la mayor virtud de los de Luis Enrique, el equipo no desesperó y continuó creando peligro a pesar de que el gol no hacía acto de presencia, un tanto que finalmente llegó y que tuvo propiedades curativas tanto a nivel colectivo como individual, provocando el alivio sintomático tanto de equipo como aficionados y aportándole una vital dosis de heroicidad a Thomas Vermaelen, jugador que tras el calvario de lesiones sufrido la temporada pasada necesitaba más que nadie una alegría sobre el césped.
Como dato anecdótico queda la sequía de cara a puerta de Leo Messi y Cristiano Ronaldo en las dos primeras jornadas de liga, algo a lo que no nos tienen acostumbrados ambos jugadores y que en el caso del argentino no ocurría desde la temporada 2007/08 con Frank Rijkaard en el banquillo.
El Real Madrid suma 5 goles a favor y ninguno en contra en dos partidos, una cifra que a pesar de positiva tan solo sirve a los de Benítez para sumar cuatro puntos, un casillero donde el Barça refleja con seis sus dos victorias por la mínima, un dato que choca con la facilidad goleadora del equipo los últimos años, pero que sigue manteniéndolo en lo más alto de la tabla compartiendo liderato.
El minimalismo parece haber llegado al Camp Nou, no puedo decir que la idea de ganar todos los encuentros por esta vía me parezca demasiado atractiva, pero con los circunstancias que rodean al equipo ha sido sin duda algo positivo, si no tiene pensado quedarse demasiado tiempo y traduce los goles en puntos pues bienvenido sea.

Resucitados

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Como bien se suele decir “Todo en esta vida no se puede tener”. Cierto es que tras el triplete logrado hace unos meses, todo seguidor del FC Barcelona considera que su equipo es claro favorito en todas las competiciones donde participe, pero la realidad no es otra que las cosas no siempre salen como uno tiene previsto. El Barça tiró por la borda la Supercopa de España y por consiguiente el homnipresente “sextete”, pero se ha resarcido de todas todas consiguiendo tres puntos de manera heroica en el mismo escenario del que salió humillado hace poco más de una semana. Y remarco lo de “heroico” porque los de Luis Enrique no solo han salido vencedores de un estadio como San Mamés, lo cual ya es digno de reseñar, lo han hecho además con una serie de inconvenientes no previstos que han convertido una simple victoria en un puñetazo sobre la mesa del equipo que sembró numerosas dudas durante los 180 minutos que duró el infierno de la Supercopa.
Los problemas para conformar una defensa de garantías han sido algo obvio desde la polémica expulsión de Gerard Piqué en el partido de vuelta, algo que añadido a la baja de Mathieu y a la duda de Alba en el lateral izquierdo, convertía la primera jornada de liga en un mar de dudas para una afición todavía dolida con la imagen del grupo en los dos últimos partidos. Lejos de que los problemas terminaran ahí, Alves y Busquets sufrieron sendas lesiones durante el choque de ayer que los mantendrán alejados de los terrenos de juego un mes y quince días respectivamente, algo que alteró un once inicial ya de por si mermado. Pero el equipo no se amilanó, tenía enfrente al mismo conjunto que le sacó los colores pocos días atrás, pero el que no era el mismo era el Barça, apareció el mono de trabajo, un Athletic maniatado apenas logró inquietar a Bravo, protegido por jugadores que se dedicaron a controlar el tempo del partido, a no cometer errores de bulto y a esperar la ocasión idónea para dar una estocada.

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Otro contratiempo no previsto fue el penalti marrado por Leo Messi, el escenario no era el mejor para que el mejor jugador del mundo fallara desde los once metros, pero así fue, echó más leña al fuego de aquellos que con sus comentarios aseguran que este Barça no podrá competir por todos los títulos este año debido a una plantilla excesivamente corta.
Pero a eso también supieron sobreponerse los hombres de Luis Enrique, continuaron impasibles su juego, menos vistoso y más estratégico que nunca, en busca de la oportunidad para morder de manera mortal a un contrincante que no hallaba la manera de dañar al mismo rival que mutiló en la anterior competición. Y así fue, la paciencia tuvo su fruto, tras muchos minutos de juego brusco y poco atractivo Alba le puso en bandeja el gol a un Luis Suárez que, como en él es habitual, no dejó pasar la ocasión para celebrar el 0 a 1 con la misma rabia con la que un guerrero malherido consigue contraatacar para acabar con el oponente. Lo más difícil ya estaba hecho, y para rubricar una gran actuación conjunta los azulgranas lograron alcanzar la orilla sin demasiados peligros, un oficio que a la postre se convertiría en los tres primeros puntos en el casillero culé y en un vital triunfo para recuperar parte de la autoestima perdida días atrás frente a los leones.

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La victoria acabó por tornarse heroica horas más tarde, cuando el nuevo Real Madrid de Rafa Benítez fue incapaz de salir victorioso de El Molinón, donde un Sporting que derrochó trabajo y casta a partes iguales consiguió mantener su portería a cero frente a los Bale, Cristiano y compañía, una muestra más de que los blancos tampoco están para tirar cohetes y de que este año la liga promete ser una competición mucho más competente que la temporada pasada, y sino al tiempo.
Por el momento y a día de hoy, a pesar de que todos los malos augurios colocaban al Barça lejos del equipo que brilló con luz propia la temporada pasada, los hombres de Luis Enrique han conseguido algo que no han logrado clubes como Real Madrid, Valencia o Sevilla, vencer a domicilio en la primera jornada de campeonato, de manera que a pesar de que el calendario en tremendamente adverso para los azulgranas, el primer paso en busca de un estado de forma óptimo y de un ritmo de competición alto se ha dado con un triunfo muy importante.
A lo largo de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre este Barça tiene que tirar con lo justo, es cierto que la marcha de Pedro y el adiós de Xavi dejan mermado el fondo de armario de la plantilla, pero si se consigue alcanzar el 2016 con una buena dinámica en todas las competiciones, la puesta en escena de Aleix Vidal, Arda Turan y de alguna hipotética incorporación en el mercado invernal ahora que el Barça tiene las arcas llenas, insuflarán oxígeno al grupo.
A pesar de todo lo que se ha dicho desde la derrota en la Supercopa el equipo ha sabido reaccionar, no ha transmitido la plasticidad a la que nos tiene acostumbrados pero tras el batacazo ante el Athletic nadie pedía florituras, tan solo tres puntos que se antojaban más que complicados y que afortunadamente han volado para Barcelona, tres puntos que no han podido sumar otros con las piernas mucho menos cargadas de partidos oficiales y con el calendario mucho más benévolo que el de los azulgranas, una buena lección para los que esperaban tomar una temprana ventaja y ahora, tras los primeros 90 minutos, ya tiene que mirar hacia arriba.

Florentino sí, Florentino no

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El “culebrón” Casillas ha llegado a su fin. Que Iker tenía sus días contados en el Real Madrid estaba claro, no obstante lo que costaba de creer era que la despedida del hasta ahora portero madridista se llevara a cabo como si se tratara del adiós de un jugador cualquiera Sigue leyendo Florentino sí, Florentino no

Argentina no es el Barça

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Ha vuelto a ocurrir. La selección argentina liderada por Leo Messi, ha vuelto a quedarse a las puertas de sumar un título importante con el que romper la nefasta racha de resultados de esta última década. Hace aproximadamente un año, la “albiceleste” estuvo muy cerca de sumar un nuevo mundial a su palmarés, pero un gol de Mario Götze en el tiempo extra hizo añicos las aspiraciones de la selección sudamericana. Sigue leyendo Argentina no es el Barça

Pánico en Concepción

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La Copa América se ha convertido en uno de los pocos focos de atención para cualquier aficionado al fútbol durante un verano huérfano de Mundial y Eurocopa. Tras un final de temporada para enmarcar, todo seguidor del FC Barcelona sigue con más o menos dedicación los andares de los jugadores azulgranas que han acudido a la cita con sus respectivas selecciones. Sigue leyendo Pánico en Concepción