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Cosas del destino

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Podemos creer o no en el destino, en que las cosas que van a suceder están ya escritas como si de un guión se tratase y que tan solo debemos esperar a que los acontecimientos se sucedan conforme va pasando la vida. Si fuera así a muchos nos gustaría adelantar unas cuantas páginas para poder salir de dudas acerca del Barça de Luis Enrique, un equipo que ha devuelto la ilusión a una afición azulgrana que sufrió en exceso la pasada campaña, pero que es un mar de dudas de cara a la próxima temporada. Quizás son cosas mías pero cuando lo más lógico era que Lucho cogiera el equipo hace un año, Gerardo Martino fue el elegido para ocupar el lugar que dejó vacante la enfermedad de Tito. Posteriormente surgieron diversos factores que agravaron la situación deportiva, anímica e institucional del club, como la dimisión de Sandro Rosell, las repetidas lesiones de Leo Messi o el trágico fallecimiento de Tito Vilanova. Es muy probable que fuera quien fuera el técnico del primer equipo mientras todo esto sucedía, no hubiera podido evitar un final desolador deportivamente hablando, con lo cual la contratación de Luis Enrique en el lugar de Martino podría haber dilapidado un futuro más que prometedor del asturiano al frente del primer equipo. El por aquel entonces entrenador del Celta cumplía con el perfil idóneo para capitanear la nave culé, conocedor del club como jugador y técnico, defensor de un fútbol alegre y ofensivo, partidario siempre de confiar en los jóvenes y potenciar la cantera, una serie de cualidades que lo convertían en la opción más razonable para seguir los pasos de su predecesor Pep Guardiola. La llegada y posterior marcha tras un año decepcionante de Gerardo Martino, nos dejó la sensación de que se había tirado a la basura un año de la generación dorada del FC Barcelona, pero analizándolo fríamente podemos darnos cuenta de que el argentino se tragó todos lo marrones que podía haberse comido Lucho de haber sido elegido para el cargo. Podríamos decir incluso que Martino ha actuado de escudo encajando todos los golpes que convirtieron la temporada pasada en una pesadilla a todos los niveles, un escudo que ha salido evidentemente malparado de todo esto, pero que ha dejado intacta la figura de un nuevo técnico que llega cuando parece que la tormenta empieza a amainar. Sin ser ni mucho menos defensor de la gestión del técnico de Rosario, puesto que creo que fue uno de los culpables del mal rendimiento del equipo, debo admitir que en caso de que la era Luis Enrique sea una era triunfal Martino tendrá mucho que ver en esto, no por méritos propios sino porque quizás el destino quiso que estuviera en el lugar adecuado en el momento exacto, para llevarse unos golpes que podrían haber afectado negativamente a un entrenador que sí tiene el perfil necesario para mantener al Barça en lo más alto.

fcb

Hasta el momento no podemos decir que lo que hemos visto del nuevo Barça sea nada esclarecedor. Los partidos de pretemporada no deben servir ni para hacer saltar las alarmas ni para crear una euforia desmedida, no obstante lo que si llama la atención es volver a ver esa presión en la zona atacante que tanto se echó en falta en la última época. Una presión que hemos visto llevar a cabo a jugadores recién llegados o de la cantera, pero que veremos si también efectúan los Neymar, Messi y compañía, algo que parece un tanto más complicado. Los nuevos fichajes son como es lógico el foco de atención, pero la presencia de un técnico que apuesta por la cantera y la contrastada calidad del plantel del Barça consigue que además de Ter Stegen, Bravo, Rakitic o Mathieu, otros nombres como los Halilovic, Munir, Deulofeu, Rafinha, Bagnack o Adama sean un auténtico reclamo para los seguidores barcelonistas.

Barcelona's Eric Abidal lifts the trophy after their Champions League final soccer match victory against Manchester United in London
Las dudas existen, puesto que lo visto en los dos encuentros de preparación tampoco ha sido para tirar cohetes, no obstante ciertos factores como el hecho de que se hayan suprimido las perjudiciales giras de verano por otros continentes y que por primera vez en los últimos seis años el equipo no tenga que jugar Supercopa alguna, obligan a ser optimista con un grupo que podrá dedicar todos y cada uno de los entrenamientos a preparar la temporada que debe devolver al Barça a lo más alto, que se acabe consiguiendo o no puede ser cosa del destino.

Ingresos por progresos

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Tras varios años en los que lo económico ha prevalecido sobre lo deportivo, la cúpula directiva del FC Barcelona ha dado su brazo a torcer en cuanto a la planificación de la pretemporada se refiere. Un acto racional que a modo de oasis se halla perdido en medio de una gestión penosa, plagada de incongruencias y decisiones más que cuestionables, de una junta que no pasará precisamente a la historia por su eficiencia a la hora de mantener el nombre del Barça en lo más alto. Luis Enrique lo ha tenido claro desde el principio, lo primero e imprescindible para lograr que los Messi y compañía vuelvan a mostrarle al mundo de lo que son capaces, es conseguir un buen tono físico en las semanas que preceden al comienzo de la temporada. Una preparación que dejó mucho que desear los años en que el club decidió enviar al equipo a maratonianas giras por América y Asia, donde las pretemporadas se convertían en verdaderas barbacoas con los correspondientes partidos de solteros contra casados. Mientras Guardiola y Vilanova permanecieron al mando, dichas giras no representaron un grave problema, puesto que a pesar de la deficiente preparación que el equipo llevaba a cabo durante los días que duraba el suplicio por Japón, China o Korea, ambos técnicos eran capaces de subsanar los daños que suponía perder varios días de trabajo físico con otros métodos. Con Martino en cambio, la falta de trabajo en una pretemporada trágica por la recaída de Tito, añadida a al falta de mando que ejerció el argentino durante la pasada campaña, resultó ser una losa demasiado pesada para un equipo que no supo autogestionarse.

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Afortunadamente este año algo ha cambiado, no solo en el banquillo sino también en la manera de llevar a cabo un preparación física que mantenga a los jugadores con fuerzas hasta dentro de diez meses. Hemos substituido interminables horas de avión por desplazamientos relativamente cortos, climas extremos donde la humedad convertía una simple sesión de entrenamiento en una maratón olímpica por las agradables temperaturas de las islas británicas, actos publicitarios donde los jugadores ejercían de mono de feria a la orden del país contratante por dobles sesiones de entrenamiento, y sobretodo un técnico excesivamente permisivo con las estrellas del equipo por otro que exige lo mejor de cada uno de sus jugadores. Las bases para lograr la resurrección del Barça se van asentando, y a pesar de que tal hecho no es garantía de éxito, queda la sensación de que a diferencia de otros años las cosas se están haciendo bien, con lo cual un final de temporada trágico quizás no dejaría un regusto tan amargo como sucedió hace pocos meses, donde quedó latente que se cometieron errores imperdonables.

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A día de hoy este Barça es una incógnita, una incógnita que todos deseamos resolver lo antes posible, deseando que se reafirme como un híbrido de calidad y trabajo muy semejante al que nos iluminó no hace demasiado tiempo y que todos creímos inigualable. Cierto es que igualar al Barça de Guardiola se antoja complicado, puesto que la mejor generación de futbolistas que ha dado este club se dejó arrastrar la temporada pasada por ciertos pecados capitales. No obstante resulta optimista pensar que la base del mejor Barça de todos los tiempos continúa formando parte del equipo, y que quizás a pesar de haber envejecido un tanto, una buena puesta a punto puede devolverles algo de lo que los llevó antaño a ser los mejores.
Durante estos días en Inglaterra debe tomar forma el equipo de Luis Enrique. Las instalaciones de Saint George están a disposición del técnico asturiano para que este logre algo que se ha echado en falta desde el primer curso de Pep Guardiola al frente del equipo, una pretemporada dedicada totalmente al bien del grupo. Además de haber logrado que la directiva olvide los negocios por un verano, “Lucho” dispone de las mejores herramientas, el mejor material y algo tan necesario como la confianza de la afición, esperemos que con todo ello pueda llevar a cabo su obra, la que por encima de los resultados finales, devuelva al Barça a la filosofía del trabajo y el esfuerzo.

 

Pesadilla “central”

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Ya lo decía la canción, “Y así pasan los días, de lunes a viernes como las golondrinas del poema de Bécquer”. La oreja de Van Gogh parecía estar viendo con la misma impotencia que la afición azulgrana, como el tiempo corre y los dichosos centrales siguen sin llegar. El equipo se vistió de corto hace justo una semana y como viene siendo habitual en las últimas temporadas, la plantilla está lejos de estar cerrada. Luis Enrique va moldeando el grupo que debe devolver al Barça a lo más alto sin la mayoría de los jugadores fundamentales de este equipo, algunos porque el dichoso mundial les obliga a reincorporarse extremadamente tarde tras unas merecidas vacaciones y otros porque a día de hoy, y ante la tardía efectividad de Andoni Zubizarreta, todavía ignoran que en breve serán jugadores azulgranas. Se han llevado a cabo una serie de movimientos necesarios para la renovación de la plantilla, estemos más o menos de acuerdo con ellos, el objetivo de lograr un espíritu renovado en el seno del equipo parece estar cuajando, y Luis Enrique dispone de un fondo de armario variado y con hambre de títulos. No obstante y dejando de lado el precio que ha pagado el club por alguno de estos nombres, hay que centrarse en el monotema de los últimos veranos, la misma piedra con la que año tras año acaba trastabillándose nuestro director deportivo, quién como si de una tradición se tratara, sale en busca de defensas centrales con los bolsillo llenos de dinero, para regresar meses más tarde con las manos vacías. Y pluralizo cuando digo “en busca de centrales” porque considero fundamental que no sean uno sino dos los defensas que aterricen en el club las próximas semanas. Si tan solo llega un central (si es que llega), estaremos dando por hecho que una temporada más Javier Mascherano continuará en el centro de la zaga, pésima noticia por partida doble, puesto que significará que una vez más deberá dejar de lado su posición original en el medio centro, en la cual le hemos visto rendir a un gran nivel en la selección argentina. Por otra parte si Mascherano continúa ejerciendo de defensa, quedará claro que el club no habrá conseguido deshacerse del bueno de Alexander Song ni a precio de saldo, y que por tanto Sergio Busquets se verá obligado a ser figura omnipresente partido tras partido por no tener un relevo de garantías en su posición.

defensa
Se han reforzado todas las lineas, la portería, el centro del campo y la delantera cuentan con nuevas incorporaciones con las que podemos estar más o menos de acuerdo, pero que siguen la premisa de pequeña revolución de la que se habló a finales de la temporada pasada. Sin embargo y para desgracia de la afición culé, la linea defensiva continua siendo el centro de atención debido a sus pocos efectivos y a la incertidumbre que genera el estado de forma de sus componentes. Sin tener en cuenta a los laterales, Piqué, Bartra y mal que me pese Mascherano, son ahora mismo los aspirantes a la titularidad en los puestos de defensa central, lo cual no resulta para nada alentador si vemos el estado de forma que mostró Piqué la pasada campaña. Queda claro pues que las opciones de este Barça de renacer de sus cenizas, pasan inevitablemente por reforzar una zaga que el pasado año ya dio síntomas preocupantes de apatía y que además se ha visto debilitada por la triste marcha del capitán Carles Puyol.

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A falta de que logremos salir de la crisis, erradiquemos el hambre en el mundo y el Barça fiche un par de centrales, cosas las tres que muy a mi pesar parecen bastante improbables a día de hoy, los tres grandes aciertos en clave de altas no son ni Luis Suárez, ni Rakitic, ni Ter Stegen, ni Bravo. Bajo mi punto de vista las tres caras nuevas que esta temporada pueden cambiar el rumbo de este Barça están lejos de los grandes desembolsos económicos, Rafinha, Deulofeu y Luis Enrique aportarán a este equipo algo que se echó en falta la pasada temporada en un acto de irresponsabilidad y dejadez. La ilusión y el trabajo pueden volver a estar presentes en el Camp Nou, con dos jugadores jóvenes que se han ganado en otros equipos el derecho a volver a su casa, donde con seguridad no dejarán escapar la oportunidad de demostrar al mundo de lo que son capaces. Luis Enrique por su parte puede y debe devolver a este grupo la cultura del esfuerzo que tan bien nos hizo no hace demasiado y que no se muy bien porqué abandonamos hace poco. Una cultura que premia el rendimiento por encima de los nombres y que gracias a ello, nos asegura que durante la temporada podamos disfrutar de los Adama, Munir, Samper y compañía en minutos que para Martino parecían no ser necesarios, pero que como quedó claro en el pasado con Pedro y Busquets, pueden acabar forjando auténticos fueras de serie.

Dos al precio de uno

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Con la confirmación de la marcha de Alexis Sánchez al Arsenal, el FC Barcelona se deshace en poco más de tres semanas de dos de los jugadores más cuestionados por la afición en los últimos años. Tanto el chileno como Cesc aterrizaron en el Camp Nou con el beneplácito de Pep Guardiola, quien en busca de perfeccionar el equipo y prolongar la “Edad de oro” del fútbol azulgrana, se la jugó con dos nombres que llegaban avalados por su trayectoria, pero que nunca alcanzaron el rendimiento que de ellos se esperaba. A pesar de no haber triunfado en Can Barça, Cesc y Alexis dejan sensaciones muy distintas entre la masa social culé. Ambos jugadores llegaron de la mano y se marchan igual, habiendo defendido los colores del club durante el mismo periodo de tiempo y habiendo logrado por tanto los mismos títulos. Sin embargo, si bien existe la sensación de que en ambos casos el jugador no ha cubierto las expectativas, Alexis deja mucho mejor recuerdo entre los aficionados azulgranas que Fábregas. El chileno se ha dejado la piel en el campo en todos y cada uno de los partidos que ha disputado como jugador culé, logrando en ocasiones que su intensidad en el juego y sus ganas de agradar al público, camuflaran las carencias técnicas que han lastrado su rendimiento en sus tres temporadas en Can Barça. Todo lo contrario que Cesc, que volvió a la que siempre ha sido su casa con el visto bueno de la gran mayoría de los aficionados azulgranas, quienes considerábamos que Fábregas, era una pieza básica en un futuro proceso de renovación del mejor centro del campo de la historia barcelonista. Al contrario que su compañero, un Cesc dotado de unas características inmejorables para triunfar en el Camp Nou, decidió mostrarnos una magnífica ley del mínimo esfuerzo que acabó por convertirlo en el centro de las iras del aficionado, quien con el paso de los años y la impaciencia porqué el de Arenys explotara sus virtudes, ha terminado dedicándole sonoras pitadas en sus últimas actuaciones a las órdenes de Gerardo Martino. Un lamentable estado de forma, una falta de actitud flagrante en más de una ocasión y una incapacidad total para realizar autocrítica de su juego, acabaron con el sueño de Fábregas y de miles de seguidores culés entre los que yo me incluyo, que creímos imprescindible la llegada de Cesc para asegurar un futuro plagado de éxitos para el FC Barcelona.
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Afortunadamente para los intereses del club, el gran cartel que mantenía el jugador de Arenys en la Premier League, y el magnífico mundial que ha llevado a cabo Alexis, han permitido algo tan insólito en las últimas temporadas, como llevar a cabo el traspaso de un jugador de la plantilla por un importe igual o superior al que se pagó en su día por él. Los 33 millones ingresados por el traspaso de Cesc al Chelsea de Mourinho y los 42,5 que dejará en las arcas del club la marcha de Alexis, deben ser suficientes para que el delantero con mas “hambre” del momento recale en Can Barça. Luis Suárez será presentado como nuevo jugador azulgrana la semana próxima, por un importe que rondará los 75 millones de euros, operación digna de “la portera de Nuñez” pero que podrá amortizarse gracias a la venta a precio de “crack”, de dos jugadores que no han sabido ganarse su continuidad en el FC Barcelona.
Cesc y Alexis llegaron al club justo después de que el FC Barcelona sumara un nuevo doblete histórico de Liga y Champions, en el mejor momento quizás del Barça de Guardiola. Después de tres años ambos jugadores tan solo han podido celebrar como participes de ello una Liga y una Copa del Rey, mientras que también lograron al poco de su llegada una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes, pertenecientes a los éxitos logrados por sus compañeros en la anterior campaña. Sin querer señalar como únicos culpables a Cesc y Alexis, su llegada coincidió con el fin de un Barça de leyenda, casualidades de la vida puesto que a pesar del bajo rendimiento evidenciado por ambos, son muchos más los factores que han acabado con la época más gloriosa de la historia barcelonista. No obstante y para el que crea en este tipo de cosas, la marcha de dos jugadores que cerraron con su llegada un ciclo majestuoso de fútbol y actitud, puede provocar ( y esperemos que así sea) un cambio de dinámica en un equipo que necesita aire fresco como nunca.

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Luis Enrique ya ha dictado sentencia, los nominados van abandonando el barco, tan solo falta ver si lo que se suben, aportan lo que se espera de ellos, aunque en el caso de Luis Suárez no podemos decir que precisamente empiece con buen píe, puesto que después del desembolso millonario de su traspaso, su exceso de apetito nos dejará sin beneficios y sin delantero hasta dentro de unos meses.

Costa Rica: La humildad y el trabajo dieron su fruto

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Las semifinales del Mundial de Brasil 2014 no albergan sorpresa alguna, puesto que las cuatro selecciones que se jugarán el pase a la finalísima, han superado en cuartos a rivales supuestamente inferiores. Brasil, Alemania, Argentina y Holanda son los únicos combinados que quedan en pie tras tres semanas apasionantes de campeonato, donde sensaciones tan dispares como la euforia o la desolación nos han invadido a través del televisor.
Una vez más, como suele ser habitual en los últimos mundiales, una selección humilde se ha colado en la ronda de cuartos de final sin que nadie pudiera augurarlo. Camerún en Italia’90, Bulgaria en EEUU’94, Croacia en Francia’98, Turquía en Korea-Japon 2002, Ucrania en Alemania 2006 y Ghana en SudÁfrica 2010, eran los últimos precedentes de selecciónes revelación en un campeonato del mundo. A todas ellas debe sumarse Costa Rica, que tras quedar eliminada en la tanda de penaltis ante la Holanda de Van Gaal, ha demostrado que el trabajo y la humildad son dos valores totalmente esenciales en el mundo del fútbol, a pesar de que con frecuencia la fama y el dinero logren derrocarlos. Costa Rica, país de menos de cinco millones de habitantes, ha llegado a este mundial de la mano de un entrenador desconocido (Jorge Luis Pinto) y de una plantilla formada en gran parte, por jugadores que militan en equipos de ligas menores como la Noruega (3), EEUU (3), Costa Rica (8), Dinamarca (1) o Suecia (1). Sus estrellas pasan desapercibidos en equipos como Olimpiacos o PSV, y tan solo su portero Keylor Navas era conocido hasta hace bien poco por su gran temporada en el Levante de Joaquín Caparrós.

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El azar quiso que los centroamericanos quedaran encuadrados en el grupo D, el llamado grupo de la muerte, junto a tres campeones del mundo como Uruguay, Italia e Inglaterra. Para sorpresa de todos, el lobo resultó llevar piel de cordero, pasando a octavos de final como primer clasificado tras vencer a “charruas” e italianos y firmar tablas ante una decepcionante selección inglesa. Puede que su juego no haya resultado vistoso, que sus pérdidas de tiempo y su dureza en ciertas jugadas no hayan sido del agrado de parte de los aficionados, pero lo que se debe reconocer es que al igual que Grecia en la Eurocopa de 2004, los jugadores costarricenses han sabido explotar sus pocas virtudes y tapar sus muchas carencias a base de trabajo y humildad, siendo considerados por todo el país caribeño como auténticos héroes nacionales.
Costa Rica se marcha de este mundial sin que ningún equipo haya sido capaz de vencerle tras 120 minutos de encuentro. Los méritos propios y un factor tan necesario y decisivo en el mundo del fútbol como la suerte, han impedido que los centroamericanos fueran doblegados con el balón en juego, siendo la muerte súbita de los penaltis el único talón de aquiles de una selección para el recuerdo. Como es lógico resulta aventurado pensar que los “ticos” puedan volver a repetir tal hazaña en futuras competiciones, no obstante es gratificante observar como contra todo pronóstico el esfuerzo y la fe del contendiente débil pueden igualar un combate con oponentes de mayor envergadura.

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Enlazando el gran mundial que ha hecho Costa Rica con el tema principal de este espacio, cabe decir que personalmente he sentido envidia sana del rendimiento de los jugadores centroamericanos, jugadores que se han dejado la vida en el campo, jugadores que han mostrado una actitud y un rendimiento totalmente opuesto al que nos ha defraudado de algunos nombres propios del FC Barcelona esta temporada. Como bien se suele decir todo no se puede tener, en este caso a la ilusión y el trabajo de los jugadores costarricenses le ha faltado un plus de calidad para poder optar a todo, en el caso contrario a los jugadores azulgranas la calidad les sobra….pero han demostrado andar escasos de todo lo demás.
Ante el adiós de Costa Rica me quedo con las palabras de su capitán Bryan Ruiz después de vencer a Italia y sellar su clasificación para octavos, haciendo referencia a las nulas posibilidades que se otorgaron en un principio al combinado centroamericano de pasar la fase de grupos: “Después del sorteo muchos nos dieron por muertos, hoy los muertos son otros”.

Luis Suárez, un jugador con “hambre”

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Conforme transcurren los días, el elenco de futuribles para reforzar el ataque del FC Barcelona se amplía con nuevos nombres. Reus, Agüero, Higuain y ahora Luis Suárez, han ido copando las portadas de una prensa deportiva, que a modo de revista del corazón, vende rumores que capten el interés del lector, en detrimento de los contenidos cien por cien contrastados.
El último de estos rumores sitúa al uruguayo del Liverpool en la órbita azulgrana, algo que en principio debería ser beneficioso para un equipo que en la pasada temporada, demostró tener graves carencias a la hora de perforar defensas rivales. La llegada del futuro Bota de Oro, probablemente aportaría gol a una delantera necesitada de recursos, pero empiezan a surgir algunas dudas al respecto de la contratación de Luis Suárez de cara a la próxima campaña.
El buen mundial que está llevando a cabo el “charrúa” encarece un precio ya de por si abusivo, y a pesar de que los “reds” están interesados en hacerse con los servicios de Alexis Sánchez, la inclusión del jugador chileno en la operación no lograría que el desembolso económico efectuado por el Barça bajase de los 40 millones. ¿Vale realmente Suárez más de 60 millones de euros? Con Andoni Zubizarreta sentado en una mesa de negociación nadie espera que los fichajes lleguen a buen precio, y menos cuando antes de terminar la temporada pasada, este ya avanzó el dinero de que disponía el club para realizar incorporaciones, consiguiendo que en todas y cada una de las operaciones que lleve a cabo el conjunto barcelonista en busca de refuerzos, sea recibido con una pistola y un pasamontañas.

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La llegada de Suárez también podría crear malestar en Leo Messi, que ha dejado claras sus preferencias por sus compatriotas Sergio Agüero y Gonzalo Higuain, aunque es evidente que a diferencia de lo que ocurrió la temporada pasada, en esta ocasión habrá un entrenador en el banquillo que dista mucho de dejarse ganar terreno por ciertas vacas sagradas de la plantilla.
Pero sin duda el motivo principal que a día de hoy provoca inseguridad a la hora de pujar fuerte por el uruguayo, es el comportamiento de este sobre el terreno de juego. Con situaciones como la vivida hoy en el Uruguay-Italia, la actitud de Luis Suarez pasa en décimas de segundo de ejemplar y envidiable a bochornosa e indignante. Tras demostrar un afán de superación digno de un fuera de serie, al superar una lesión en tiempo record con la vista puesta en el mundial, hoy Luis Suárez ha vuelto a mostrar su lado malo, reincidiendo al agredir a un defensor italiano propinándole un mordisco en el omóplato.
La posible llegada del uruguayo en los próximos meses, abre un debate acerca de lo que debe prevalecer a la hora de valorar la contratación de un jugador. Sin ir más lejos la llegada de “personajes” como Pepe o Jose Mourinho al Real Madrid, se han cobrado a un precio carísimo los escasos éxitos que ha logrado el conjunto merengue en los últimos años, haciendo ascender hasta límites insospechados la antipatía hacia el club blanco en todo el territorio nacional. El Barça necesita al Luis Suárez combativo, al que se ha dejado la piel en el campo jornada tras jornada hasta devolver al Liverpool a donde se merece, al jugador que ha logrado anotar más goles que Leo Messi y tantos como Cristiano Ronaldo, pero no al que en más de una ocasión ha sido capaz de morder a un rival de forma salvaje, dejando la imagen de su club y la suya propia a la altura del betún.

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Temporadas atrás, la fotografía que muestra al jugador “charrúa” incándole el diente a un rival hubiera sido más que suficiente para desechar la opción de contratarle, puesto que la imagen del FC Barcelona debe estar por encima de todo. No obstante después de ver como el señor Sandro Rosell y sus discípulos se han encargado de mancillar el nombre del club, manchando la camiseta azulgrana con el patrocinio de una empresa de dudosa reputación, y siendo imputados por un juez tras unas supuestas irregularidades en la contratación de Neymar, los éxitos deportivos empiezan a tomar mucha más relevancia que la conservación de la imagen del club, que ahora mismo dista mucho de poder ser lavada así como así.
La contratación de un “9” puro es tan necesaria para este Barça como la dimisión de su junta directiva, pero si finalmente es Luis Suárez el elegido para aportar gol a una delantera azulgrana necesitada de aire fresco, quizás Luis Enrique debería dedicar alguna sesión de entrenamiento a matizar aquello de “hay que morder a la defensa rival”, de lo contrario algún encuentro podría asemejarse más a un capítulo de “The Walking dead” que a una jornada de liga.

Son”roja”dos

 

roja
A pesar de viajar con la etiqueta de favorita, las posibilidades de que la selección española lograra revalidar el título de campeona mundial en Brasil eran más bien escasas. Primero porque la selección anfitriona, a falta de nombres desequilibrantes a excepción de Neymar, poseerá la baza de unos arbitrajes benevolentes en todas y cada una de sus actuaciones, que a buen seguro le allanarán el camino hacia un idílico final. En segundo lugar porque en un campeonato del mundo, son muchos los factores que determinan la suerte final que corre un combinado. Y tercero porque a pesar de que desde todos y cada uno de los medios de comunicación nacionales, se nos ha querido vender la moto de que España era una clara favorita a prolongar su reinado durante cuatro años más, no había más que ver el estado deplorable en que se encontraban las piezas fundamentales de “la roja”. Una vez más Vicente Del Bosque no ha querido hacer ruido, metiendo con calzador en la convocatoria final de la selección española, a jugadores que a pesar de mostrar durante toda la temporada un pésimo estado de forma disponían de algo que por lo visto hoy en día prevalece por encima de todo lo demás, nombre.

casillas
Iker Casillas no ha sido en ningún momento capaz de lograr la titularidad en su club, a pesar de ello y gracias a las hazañas realizadas antaño el puesto bajo los palos ha sido suyo, con un triste resultado que salta a la vista. Piqué y Xavi han firmado su peor campaña como azulgranas desde su llegada a Can Barça, pero a pesar de eso el crédito obtenido en actuaciones pasadas, ha sido suficiente para que estuvieran presentes en la debacle hispana acontecida en tierras brasileñas. Mientras Negredo y Llorente veían por televisión como España era incapaz de crear peligro constante, un “ex futbolista” como Fernando Torres era el encargado de saltar al campo a modo de revulsivo, dejando a la vista sus vergüenzas y evidenciando que para él cualquier tiempo pasado fue mejor. La “bipolaridad” de Pedro, que le ha llevado este año a firmar grandes actuaciones con “la roja”, para convertirse en un jugador vulgar cuando se enfundaba la camiseta del FC Barcelona ha desaparecido en Brasil, para dar una continuidad total a la mediocridad demostrada durante todo el curso con su club. Y mientras los Xabi Alonso, Busquets y Silva han demostrado estar lejos de su mejor momento, los Koke, Mata y Cazorla se marchan a casa mereciendo tanto o más la titularidad que sus compañeros con más nombre.

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Más allá de la merecida eliminación, lo que comporta este batacazo es la revolución que en breve se deberá llevar a cabo en la selección. Los resultados pueden variar en función de múltiples circunstancias, pero la imagen que queda del combinado de Vicente Del Bosque tras este mundial es realmente patética. A falta de enfrentarse a Australia en un partido intrascendente, lo que supondrá un castigo duro y merecido para un grupo de profesionales que no ha estado a la altura, España ha recibido siete goles en 180 minutos para tan solo materializar uno, logrado tras un penalti inexistente. Lo triste una vez más, al igual que ha ocurrido en Can Barça en varias ocasiones, es emprender una reparación de los daños cuando estos ya se han producido. En la selección española al igual que en el FC Barcelona, ha hecho falta darse de bruces contra el suelo para a partir de eso revisar el paracaídas. Cruyff, Rijkaard y ahora Del Bosque podrán decir que tuvieron a sus ordenes a los mejores jugadores del mundo, que vivieron junto a ellos experiencias inolvidables, pero que llegado el momento en que lo profesional tenía que prevalecer sobre lo personal no fueron capaces de anticiparse a la tragedia, dejando en las retinas de los aficionados imágenes de equipos decadentes que suponen un borrón en su historial como entrenadores.

iniesta
Este artículo es ciertamente ventajista, pues claro está que a toro pasado todo es mucho más sencillo de afirmar. No obstante, viendo uno por uno el rendimiento de los pilares de la selección en sus respectivos clubes podía dilucidarse, dejando entrever que el mal año que ha cuajado el Barça podía influir, y de hecho así ha sido, en la suerte de “la roja” en el mundial que se acercaba. Para toda la “caverna”, las dos eurocopas y el mundial logrado por España se deben en mayor parte a Casillas y al entrenador de turno, ya sea Aragonés o Del Bosque, y ahora que las cosas no van bien la culpa es de los Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets, Pedro y compañía. Asimismo el famoso “tiki taka” de la selección ha sido durante todos estos años una auténtica sinfonía para todos los medios de Madrid, sin embargo cuando los mismos jugadores lo orquestaban con la camiseta azulgrana, este se tornaba aburrido y monótono. Por mucho que escueza, la mejor generación de jugadores de la historia del FC Barcelona ha coincidido con la edad de oro del fútbol español, evidenciando que a pesar de la doble moral que existe en la meseta, a la hora de valorar las cualidades de ciertos jugadores en función de que camiseta visten, el Barça ( mal que me pese) los ha hecho campeones de Europa y del mundo, al Cesar lo que es del Cesar.

Mucho ruido y poco Fábregas

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Retrocedamos en el tiempo, cerca de tres años aproximadamente. Un Barça imparable es campeón de Liga y Champions, mostrando una superioridad aplastante sobre el Real Madrid de Mourinho y el Manchester United de Sir Alex Ferguson. Con auténticas exhibiciones en ambas competiciones, los azulgranas tan solo son derrocados en la Copa del Rey con un bochornoso arbitraje de Undiano Mallenco en Mestalla, ante una primordial puesta en escena del “todo vale” del siempre “señorial” Real Madrid.
A diferencia de en otras ocasiones, a pesar de que el equipo roza la excelencia durante gran parte de la temporada, tanto Guardiola como la junta directiva deciden fichar para seguir apuntalando un proyecto histórico, que ha convertido al FC Barcelona en el mejor equipo del mundo y probablemente de la historia. Lejos de convertir el club en una ONG, cosa que ha ocurrido en más de una ocasión cuando las cosas van extremadamente bien, otorgando renovaciones a diestro y siniestro a jugadores que ni tan si quiera lo merecen, los encargados de gestionar la plantilla dan un paso adelante, para poder dar continuidad a la mejor generación de futbolistas que ha dado la entidad desde su fundación.
El sello de calidad “Barça” tiene unos máximos exponentes por aquel entonces, ya que Messi, Xavi e Iniesta con un descomunal juego asociativo, han logrado junto a sus compañeros rozar la perfección, con partidos tan memorables como el 5 a 0 que endosan al eterno rival una inolvidable noche del mes noviembre. Tras varios años de tanteo, Guardiola decide echar el resto por un jugador en concreto, alguien que tiene el mismo ADN futbolístico que los anteriormente nombrados, formado en la cantera culé y con el aval de ser una auténtica referencia en una de las ligas más exigentes del continente europeo. Cuando aparece de nuevo el nombre de Cesc Fábregas en las portadas de los periódicos deportivos, creo que puedo afirmar con certeza que todo el barcelonismo dio el visto bueno a la llegada del jugador del Arsenal. Estábamos dispuestos (me incluyo) a pagar lo que fuera por un jugador que en su día se marchó de Can Barça por voluntad propia, sin dejar un solo euro en las arcas del club. Cegados por la idea de mejorar un centro del campo que difícilmente era mejorable, aplaudimos la llegada de Cesc como el jugador que aseguraba la continuidad del mejor legado futbolístico jamas visto, ignorando que el jugador que había aterrizado en Barcelona, acabaría siendo muy distinto del que habíamos visto en la Premier.

fabregas
Tres años y 40 millones después, Fábregas dejará Can Barça con la sensación de que todo lo que se había vendido de él era humo. El carácter adquirido en Inglaterra, la potencia física que otorga una liga tan exigente como la inglesa, la personalidad de un capitán del Arsenal nombrado mejor jugador de la Premier League, el compromiso de un hombre que volvió al Barça tras años de guiños mostrando su predisposición a defender los colores azul y grana, una serie de virtudes que a la hora de la verdad hemos visto en cuentagotas. Sin embargo y a pesar del bajo rendimiento que ha evidenciado el de Arenys durante estas temporadas, jamas una palabra de autocrítica, sí en cambio de justificación, enervando a todo seguidor que observaba como sobre el césped se arrastraba una simple caricatura de lo que vimos años atrás defendiendo otros colores. Cesc llegó al mejor Barça de la historia, y se marcha de un equipo que no se asemeja en nada al que supuestamente debió mejorar. Tras tres temporadas ha logrado una Liga y una Copa del Rey, algo que hace décadas hubiera supuesto un magnífico bagaje, pero que a día de hoy parece un logro insignificante.
Después de años y años en que el culebrón veraniego se repetía, Fábregas volvió al FC Barcelona y paso por él con más pena que gloria, dejando con un palmo de narices a todos aquellos que creímos en su día que su presencia era indispensable para que el mejor Barça de la historia tuviera su continuidad asegurada. Junto a los Overmars, Hleb, Song, Petit y Henry (este último tan solo cumplió con las expectativas en una de sus tres temporadas como culé), Cesc pasa a engrosar la lista de los jugadores llegados del Arsenal que han decepcionado en sus años como azulgrana, creando una sensación lógica de pánico cada vez que irrumpe en las portadas de la prensa deportiva algún rumor sobre negociaciones con el club londinense.

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Cesc ha tenido tres técnicos en tres temporadas distintas, y con ninguno de ellos ha sido el jugador que esperábamos, puesto que ni Guardiola, ni Vilanova, ni Martino han logrado mostrarnos su mejor versión. Si Mourinho consigue que Cesc vuelva a ser el que todos vimos en su largo periplo por el fútbol inglés, entonces el de Arenys puede convertirse en persona “non grata” en Barcelona, ya que alardear de barcelonismo y solo rendir al máximo bajo las órdenes de un anticulé reconocido, puede ser motivo de crispación para la masa social azulgrana. Por lo que a mi respecta, el Chelsea se convertirá en el equipo hacia el que más animadversión sienta, puesto que si Mourinho ha intentado año tras año acabar con el FC Barcelona desde fuera, Cesc ha colaborado con su bajo rendimiento a mermarlo desde dentro, gracias por nada señor Fábregas.

 

De Pep a “Lucho”

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Después de unos años más o menos tranquilos en ese aspecto, empieza un verano donde las portadas de los periódicos deportivos, bombardearán continuamente al lector de turno con rumores más o menos contrastados, sobre futuribles fichajes del FC Barcelona. Tres largos meses en los que todo jugador que sobresalga en el mundial estará en la órbita culé, pasando a engrosar la lista de posibles altas para el nuevo Barça de Luis Enrique. Un Barça que necesita aire fresco en todas sus lineas, pero que muy al contrario de lo que pueda parecer, tiene el secreto de su resurrección entre sus actuales componentes. Los jugadores que lleguen pueden y deben mejorar los visto la temporada pasada, no obstante, tirando de memoria hemos de recordar que no hace demasiado tiempo, el Barça yacía en una situación muy parecida a la que vivimos hoy en día. Peor incluso quizás, puesto que cuando Frank Rijkaard abandonó la disciplina culé, el equipo estaba completamente roto, al borde del abismo. La remodelación que realizó Pep Guardiola no fue a base de caras nuevas, puesto que los jugadores que llegaron aquel verano no eran primera figuras a excepción de Dani Alves. Pep dio el visto bueno a nombres como Hleb o Cáceres, que defraudaron al aficionado azulgrana en su paso por Can Barça, fichó a Keita, que no consiguió hacerse con un puesto en el once titular durante la temporada, repescó a Piqué, el cual logró afianzarse en la defensa culé muy al final de la campaña, y otorgó toda su confianza a un jovencísimo Sergio Busquests, que en poco más de seis meses se convirtió en el mejor jugador del mundo en su posición.

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Pep hizo renacer al Barça como al Ave Fenix, desde sus propias cenizas, basándose en tan solo dos factores con los que obrar el milagro. Primero limpió el vestuario de piezas viejas u oxidadas y de elementos no comprometidos con la causa. Hasta nueve jugadores abandonaron la disciplina barcelonista aquel verano, entre ellos Ronaldinho y Deco, estandartes de la anterior resurrección del FC Barcelona. Y por otro lado convenció a los que sí estaban dispuestos a sudar sangre por estos colores, de que con el trabajo y la entrega diaria podían volver a ser los mejores. De esa manera, Messi creció hasta límites insospechados convirtiéndose en el mejor jugador del mundo, Xavi e Iniesta formaron una sociedad que cualquier amante del fútbol agradecerá por los tiempos de los tiempos, Márquez , Puyol y Abidal, volvieron a convertir la defensa azulgrana en un muro inquebrantables para los atacantes rivales, Toure Yaya y Eto’o sacaron a relucir su casta en todos y cada uno de los encuentros que disputaron, dejándose la vida en el campo y transmitiendo un hambre voraz a todos sus compañeros, y Víctor Valdés continuó salvando a su equipo en innumerables ocasiones. Todos y cada uno de estos futbolistas habían estado presentes en la debacle vivida por el Barça en el fin de la era Rijkaard, y pocos meses después convertían al FC Barcelona en el mejor equipo de todos los tiempos, con una actitud y una puesta en escena sobre el campo que cualquiera que haya podido disfrutarla jamas la olvidará.

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Lo que quiero decir con esto es que más allá de las caras nuevas que puede presentar este Barça, lo más importante de cara a una futura resurrección culé ya se ha llevado a cabo. Como ocurriera antaño un entrenador joven, exigente, trabajador y que conoce el club, llega a un vestuario donde la falta de mando y la autogestión de los propios jugadores ha causado serios daños. A Frank Rijkaard se le otorgó una segunda oportunidad después de que en el temporada 2006/07 (la del Tamudazo para más señas), el equipo cerrara el año en blanco, ese fue el grave error que llevó al club a vivir en la siguiente campaña, un cúmulo de despropósitos deportivos que acabaron con la llegada de Guardiola. La continuidad de Martino, algo que ha sido una posibilidad real hasta el instante en que los azulgranas perdieron la Liga, hubiera significado un suicidio colectivo culé, no obstante la llegada de un entrenador del perfil parecido al que en su día nos sacó de una situación parecida a la que nos encontramos, provoca un optimismo moderado del seguidor barcelonista. Con el señor Andoni Zubizarreta haciendo gestiones para mejorar este Barça, yo no esperaría una mejora sustancial en la calidad de la plantilla, lo que de verdad puede devolver al FC Barcelona a ser un equipo ganador es lo que ya en su día lo logró, una nueva mentalidad y la recuperación de sus estrellas. Si Luis Enrique consigue que los Messi, Iniesta, Busquets, Piqué, Xavi, Pedro, Mascherano y compañía vuelvan a sentir la necesidad de ser los mejores, entonces el mejor fichaje de la temporada no hay que buscarlo en las próximas portadas de periódico, forma parte del FC Barcelona desde el pasado 21 de Mayo.

 

Éramos pocos y llegó “la décima”

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Hace apenas diez días, la temporada del FC Barcelona podía tener valoraciones muy distintas en función del rendimiento del Atlético de Madrid, en sus últimos 180 minutos de competición oficial. Jueces en Liga y Champions, los colchoneros se convertían en los encargados de ponerle adjetivo a las campañas de Barça y Real Madrid, interponiéndose entre ambos equipos y los títulos a los que estos optaban. La gasolina de los hombre de Simeone parecía escasear como para solventar con éxito sendos compromisos, no obstante, la raza y la entrega que han demostrado los rojiblancos durante todo el año, hacía creíble cualquier tipo de proeza. Finalmente de todas las posibilidades que nos ofrecía el final de curso, se ha consumado la más temida para todo los seguidores barcelonistas, puesto que el Atlético de Madrid se ha convertido en el verdugo de un Barça decepcionante y en el reo de un Real Madrid, que ha vivido durante tres semanas por y para el compromiso de Lisboa. La victoria de los colchoneros en Champions, hubiera anestesiado de alguna manera un final de temporada doloroso, para los que hemos vivido durante esta campaña la decadencia azulgrana, y de hecho poco ha faltado, puesto que como ya ocurriera en 1974, un gol sobre la bocina ha alejado a los rojiblancos, de poder celebrar una victoria antológica a base de lucha y pundonor. El Real Madrid ya tiene su ansiada y omnipresente décima, la que año tras año aparecía en los discursos de Florentino Pérez a modo de promesa electoral, la que se resistía temporada tras temporada ante la desesperación del “mandamás” blanco, capaz de tirar por la borda la imagen del club contratando a Mourinho para la causa. Finalmente y a modo de lección, no han sido ni la arrogancia ni las malas maneras del portugués, las que le han otorgado al conjunto merengue su deseada “decima”, ha tenido que ser un hombre respetuosos el que entregue en volandas una nueva Champions al madridismo, la misma afición que hace bien poco daba el visto bueno al “todo vale” si era la clave para frenar al Barça.

lucho
Con el triunfo blanco se añade más presión si cabe a la labor de Luis Enrique como nuevo entrenador culé, puesto que a pesar de que los éxitos ajenos no deberían influenciar en el trabajo propio, todo seguidor barcelonista esperará que el nuevo y renovado Barça, pueda desbancar al Real Madrid del reinado en Europa. Graso error bajo mi punto de vista, puesto que creer que se puede repetir la hazaña llevada a cabo por Guardiola en su primera temporada, puede resultar un lastre pesado para los nuevos inquilinos del banquillo azulgrana.
A la desagradable sensación de impotencia ante la victoria del Real Madrid, debemos sumarle un fuerte sentimiento de culpabilidad, puesto que a pesar de que los blancos no han eliminado al Barça en su camino hacia Lisboa, la mala temporada de los jugadores barcelonistas nos les ha permitido interponerse entre el conjunto madridista y su ansiado trofeo.
A partir de hoy comienza la era “postdécima”, ya que el madridismo se ha arrancado la dichosa etiqueta que lo ha acompañado durante más de una década, lo que está por ver es el efecto que tiene dicho acontecimiento en el futuro del equipo blanco, puesto que si Florentino ve saciada su sed de protagonismo con este título, es probable que el equipo no se refuerce como es debido el próximo verano, conformando de nuevo un conjunto mortal de necesidad en las competiciones del KO, pero deficiente en cuanto a regularidad se refiere. No hay que olvidar que el Real Madrid, se ha quedado a tres minutos de cerrar la temporada con un suspenso como nota media, el destino ha querido que la tragedia se convirtiera en festejo, pero esto no debería evitar que se lleven a cabo las mejoras necesarias para asegurar la continuidad de una época dorada para el madridismo, algo que se debió efectuar en Can Barça el curso pasado pero no se creyó conveniente… y así nos ha ido.

junta

Autocrítica

barça
Se consumó la tragedia. Por sexta vez esta temporada, el que fuera mejor Barça de la historia ha sido incapaz de doblegar al Atlético de Madrid de Simeone. La afición respondió después de soportar en la segunda parte de la temporada el bajo rendimiento azulgrana, además de digerir derrotas sorprendentes e indignantes ante conjuntos inferiores. Llenaron el Camp Nou concediendo un ultimatum a la plantilla, una última oportunidad para que los hombres de Gerardo Martino redimieran sus pecados, demostrando sobre el césped que todavía quedaba un ápice de aquel equipo que nos deleitó con la perfección futbolística. Pero a la hora de la verdad, ni la épica ni la heroica lograron dañar a un equipo rojiblanco, que no se deja afectar por sensaciones ajenas a las suyas y que tan solo cree en su trabajo, plenamente convencido de que si lo llevan a cabo con la forma y la actitud correctas, nada ni nadie podrá superarlos. “El Cholo” ha conseguido que sus jugadores crean en ellos mismos sin fijarse en nada más, al igual que el Barça de Guardiola conocía su superioridad si rendía al 100% este Atlético ha descubierto que siguiendo sus pautas y dándolo todo es prácticamente invencible. Un portentoso trabajo físico y psicológico, han creado un grupo que no solo no tiembla ante una situación como la vivida el sábado, sino que además se crece ante la adversidad. Se rompió Costa, se rompió Arda y el Barça se puso por delante, con cualquiera de estos factores en contra muchos equipos se hubieran venido abajo, el Atlético con los tres ante sus ojos, continuó siendo mejor que el Barça en su estadio, y mereció el empate y la Liga.
Terminada la temporada nadie debería salvarse de la quema en el club culé, si bien el equipo ha acariciado la Liga y la Copa hasta los últimos instantes, la actuación de jugadores, cuerpo técnico y directiva durante todo el curso ha dejado mucho que desear, hasta el punto que la llegada de algún título no hubiera frenado todo el descontento de la afición con ciertos estamentos del club.
La plantilla culé ha enervado al seguidor barcelonista con actuaciones rebosantes de falta de actitud y recursos, la derrotas en campos como Zorrilla, Anoeta, Los Carmenes o en el propio Camp Nou frente al Valencia, han sacado a la luz las miserias de este Barça, incapaz de superar ciertos planteamientos defensivos, con una única arma tan ineficaz como conocida por todos sus rivales. Los seis enfrentamientos ante el Atlético se han convertido en un calco de impotencia, en un bucle repetitivo de intentonas fallidas de derribar un muro de hormigón sin disponer de las armas, ni de los planteamientos adecuados. Y como principal problema, varios jugadores azulgranas que han marcado las diferencias en los últimos años, no han mantenido el nivel que requería el equipo para seguir en los más alto, algo que desembocará en las próximas semanas en los cambios que anuncia Bartomeu y que esperemos que este año sí se lleven a cabo.
Gerardo Martino tampoco ha estado a la altura de las circunstancias en su primer y único año al frente de la nave culé. Si bien es el menos damnificado por la afición, ha demostrado una alarmante falta de recursos a la hora de buscar soluciones a las carencias tácticas del equipo, algo que combinado con lo anteriormente mencionado ha desembocado en un triste año en blanco.

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Por último la cúpula de la junta directiva tampoco se libra de las críticas del aficionado, Bartomeu y Andoni Zubizarreta no gozan precisamente de popularidad entre la masa social culé, aunque es sobretodo el director deportivo azulgrana, el que levanta más suspicacias por su deficiente labor a la hora de gestionar las altas y las bajas dentro de la plantilla del FC Barcelona. A partir de hoy mismo empieza la supuesta construcción de un Barça renovado, pero que dicha revolución la lleve a cabo “Zubi” tan solo excita a los rivales directos del conjunto barcelonista.
Este verano será crucial para el futuro del club, si por fin se da en la diana con las piezas a renovar y con los recambios de las mismas puede que este final de temporada tan solo haya sido una bofetada a modo de recordatorio, la cual haga ver a jugadores y directivos que si las cosas no se hacen bien, es lógico que los que sí trabajan como deben se lleven la gloria. Si de lo contrario el señor Zubizarreta vuelve a dilapidar millones, tanto en altas como en bajas, para no mejorar la calidad de la plantilla, entonces lo vivido este año puede dejar de ser un escarmiento para convertirse en un castigo sin fecha de levantamiento.
Muchos podrán creer que si el Barça hubiera ganado al Atlético en el último segundo y se hubiera adjudicado la Liga, la lectura que hace de la situación el barcelonismo no sería ni mucho menos tan fatalista, pero a pesar de que la consecución de un título importante hubiera podido anestesiar el descontento generalizado de la afición culé, la gente tiene muy claro que esto no puede seguir así. La temporada se ha acabado, pero hoy mismo empieza la cuenta atrás para buscar soluciones a todos y cada uno de los problemas de este equipo, y llámenme desconfiado pero si el encargado de hacerme una casa nueva es el mismo que no supo arreglarme unas pequeñas fugas de agua tengo razones de sobras para echarme a temblar, el futuro del FC Barcelona está en juego.

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La fuerza de un sentimiento

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Carles Puyol dice adiós a las que han sido sus dos grandes pasiones, el fútbol y el Barça. Su maltrecha rodilla ha dicho basta esta temporada, y ni tan siquiera los múltiples esfuerzos que ha realizado para remediar esta situación le han permitido volver a sentirse al cien por cien sobre un terreno de juego. El adiós de “Puyi” no es un adiós más, es la despedida de un hombre que lo ha dado todo por un sentimiento, que a diferencia de muchos jugadores “profesionales” ha vivido por y para el fútbol, y lo que es más importante, por y para su Barça. Carles Puyol se ha partido la cara literalmente por el escudo azulgrana en más de una ocasión, se dejó un codo en Lisboa dándolo todo por el club de sus amores, besó su brazalete mientras todo un Santiago Bernabeu asistía atónito a la mayor exhibición futbolística que ha sufrido en sus propias carnes y nos puso el vello de punta, cuando concedió a Eric Abidal el honor de levantar la cuarta Champions League del club, tras una durísima experiencia vivida por el francés. Son solo algunos ejemplos de los valores de un jugador como los que ya no quedan, son solo un ápice de lo que Carles Puyol nos deja como legado, a buen seguro tarde o temprano aparecerán nuevos jugadores con carisma, ya sea llegados de otros equipos o ascendidos del filial, pero los años de entrega y dedicación que Carles Puyol le ha ofrecido al barcelonismo, convierten en misión imposible la tarea de superarle.
Durante todo este tiempo el de La Pobla de Segur se ha ganado la admiración de su público y lo que es más complicado el respeto del rival, siendo un central rocoso nadie podrá achacarle en toda su carrera entradas violentas o con mala intención, fuerte en su posición pero limpio, casi transparente diría yo hasta el punto de que si algún rival recibía algún golpe de “Puyi”, automáticamente daban por hecho que se trataba de un simple lance del juego sin más.
Finalmente la temporada que arrancó con magnificas expectativas ha cosechado una tras otra noticias nada agradables para el barcelonismo. Tras varios años en que los músculos de Leo Messi parecían de acero, de nuevo esta campaña han vuelto a mostrar su fragilidad, apartando al astro argentino de los terrenos de juego hasta en tres ocasiones, la marcha de dos estandartes del barcelonismo como Valdés y Puyol marca un antes y un después en la historia del Barça actual, y el trágico desenlace de la enfermedad de Tito Vilanova han convertido lo que debió ser un año más que positivo en una auténtica pesadilla. El sábado el equipo tiene la oportunidad de despedir como se merecen a los que nos dejan, tienen la oportunidad de otorgarle el honor a Carles Puyol de levantar una Liga el día de su retirada, pueden hacer realidad el sueño de una afición que días atrás dio la temporada por finiquitada, y por último tienen la oportunidad de dedicar un título que requiere tanto sacrificio como la Liga a todo un luchador como Tito Vilanova, quien allí donde esté a buen seguro los estará viendo.
Con los valores de Carles Puyol es posible vencer al Atlético, desgraciadamente el eterno capitán azulgrana no podrá estar sobre el césped, del resto de jugadores depende adquirir aunque solo sea por un día el compromiso que “Puyi” ha demostrado durante los quince años en que ha defendido la camiseta del FC Barcelona.
Un anuncio de bebida energética de los años noventa, cuyo slogan decía “I wanna be like Mike” (Quiero ser como Mike), en referencia a Michael Jordan, podría servir de ejemplo del sentimiento del barcelonismo, donde sentimos admiración por la raza, la entrega, el compromiso y la lucha con la que “Puyi” ha llevado los colores del Barça a lo más alto, “I wanna be like Carles Puyol”.

Gracias capi.

Historia de una agonía

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A pesar de que la presente temporada no será recordada por lo méritos de este Barça, el final de Liga está resultando ser una lucha constante de los hombres de Martino frente a todas y cada una de sus carencias. Con el escenario que se presentaba en el Martínez Valero, un Barça solvente como el que hemos conocido durante años, hubiera pasado por encima de un Elche que se ha crecido ante la impotencia de los azulgranas. El dominio del Barça en este encuentro puede haber sido similar al que hubiera llevado a cabo el equipo afinado y engrasado de años atrás, pero las ideas, la frescura, el compromiso y la dirección técnica del presente conjunto culé dejan en evidencia que cualquier parecido con el pasado es pura coincidencia. Fueron los errores de terceros los que nos devolvieron la vida hace apenas siete días, y han vuelto a ser los mismos factores los que han permitido que a día de hoy el Barça no haya dicho adiós a la Liga, un título que bajo mi humilde opinión merece mucho más un Atlético que ha sabido dejarse la piel partido tras partido, y que a día de hoy y con un presupuesto y una plantilla muy inferiores al FC Barcelona, siente la debilidad y la extenuación en el físico de sus jugadores.
Cuesta creer que los mismo hombres que se han mostrado incapaces de perforar la portería del Elche, vayan a poder batir a un equipo que no ha hincado la rodilla en ninguno de los cinco enfrentamientos directos de esta temporada, no obstante el mal momento que atraviesa el Atlético de Simeone, aporta un ápice de esperanza para los que aun creemos que este equipo puede intentar parecerse al de años anteriores, aunque solo sea por 90 minutos.

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La agonía de la que somos espectadores este final de temporada no solo la sufren Atlético y Barça, el Real Madrid de Cristiano, Bale, Ancelotti y compañía ha tirado la liga y tiene todos los números para terminar el campeonato como tercer clasificado, fracaso estrepitoso que tan solo puede subsanar la llegada de “la decima”. Podemos imaginar que cualquier aficionado blanco hubiera firmado la situación que vive el madridismo, pues la disputa de una final de Champions puede distorsionar la realidad, pero si la suerte es esquiva con los intereses madridistas en Lisboa, en verano también rodarán cabezas en la capital.
Dentro de 15 días saldremos de dudas respecto a muchas cosas, la Liga y la Champions tendrán dueño, y uno de los posibles desenlaces de la historia se habrá consumado. El final soñado por todo aficionado azulgrana no es otro que una victoria culé frente al Atlético y una derrota merengue en Lisboa a manos de su vecino pobre, algo que permitiría al club llevar a cabo una revolución necesaria en el equipo, con la tranquilidad que otorga un título importante en la retina.
Por su parte el Real Madrid espera poder levantar “la decima”, trofeo omnipresente temporada tras temporada, sin importarle para nada quien se alza con la liga, puesto que tanto culés como colchoneros levantaran ampollas entre la afición madridista, si esta no puede celebrar el título de Champions.Y por último es el Atlético de Madrid el que más posibilidades tiene de llevarse una alegría esta campaña. Solo 180 minutos separan a los hombres de Simeone de saber si su temporada es notable, excelente o de matrícula de honor. La puntuación que reciban los rojiblancos no debería estar influenciada por los títulos que acaben sumando, puesto que el año de los atléticos es de diez pase lo que pase en sendas finales, no obstante y como bien se suele decir “nadie se acuerda de los finalistas sino de los campeones”. Si los colchoneros visitan Neptuno con Liga y Champions el regodeo ante la afición blanca será antológico, de aquellos que perdurará por los años de los años, si el Atlético pierde la Liga y se lleva la Champions ídem de ídem, y si los de Simeone claudican en Lisboa pero logran puntuar en el Camp Nou, Madrid será una fiesta porque sus dos equipos habrán firmado una temporada triunfal. El escenario del que no quieren oír ni hablar en el Vicente Calderón es del trágico, del que puede herir de muerte al equipo en caso de que después de remar en grupo durante todo el año, naufraguen a escasos metros de la orilla sucumbiendo en Barcelona y en Lisboa, un final tan doloroso como injusto.
En cualquier caso y pase lo que pase, el final agónico de los tres conjuntos será la característica común, equipos que a cada minuto que pasa evidencian su deseo de que esto acabe, su deseo de que su sufrimiento no haya caído en saco roto después de un final de temporada de los que no se recuerdan, donde los tres aspirantes han sido incapaces de sumar más de dos puntos en sus dos últimos encuentros, tres en el caso del Madrid, un final agónico que esperemos pueda tener doble celebración en clave azulgrana, en breve por méritos propios y en un par de semanas por justicia divina.

Una decisión lógica

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Han pasado cerca de diez meses, desde que el club decidiera contratar los servicios de Gerardo “El Tata” Martino. Pasado este tiempo, todo parece indicar que el técnico argentino no continuará al frente de la nave azulgrana al concluir esta temporada, campaña en la que a falta de desvelar el desenlace de la misma, el equipo ha decepcionado al aficionado en un lamentable tramo final. A la espera de que el club haga oficial el nombre del nuevo técnico, todo apunta a que será Luis Enrique el encargado de llevar a cabo una revolución en el vestuario culé, la cual pueda devolver el alma a un equipo que parece haber perdido su identidad propia.
Cuando la cruel enfermedad de Tito Vilanova, lo obligó a abandonar la disciplina del FC Barcelona, rapidamente saltaron a la palestra los nombres del asturiano y del Tata como recambios de emergencia. Poniendo en una balanza las características de ambos técnicos no había discusión alguna, Luis Enrique parecía a primera vista la decisión cuerda, lógica y a la que prácticamente nadie se hubiera opuesto. Tanto “Lucho” como Martino tenían poca experiencia al frente de equipos de primer nivel, lo cual podía nivelar el duelo entre ambos entrenadores para hacer meritos a la vacante en Can Barça. Sin embargo ante el nulo conocimiento del argentino sobre la filosofía azulgrana y del club en cuestíon, Luis Enrique sí podía aportar en su currículum nueve años defendiendo la camiseta del FC Barcelona como jugador, y una magnífica tarea como técnico, sellando un ascenso con el filial a segunda A y la mejor clasificación de la historia del mismo con un meritorio tercer lugar en la división de plata. Además de su buen hacer con las jóvenes promesas del club, el asturiano demostró tener carácter suficiente como para lidiar con un vestuario repleto de estrellas, algo parecido a lo que ocurrió con Guardiola, y que al de Santpedor le otorgó el billete para poner en orden un vestuario rebosante de egos, tras una temporada en tercera. Hace diez meses, para Rosell y compañía no fueron suficientes los mismos méritos que años antes llevaron a un aprendiz como Pep a iniciar la edad de oro del barcelonismo, quizás porque significaría emular las acciones de su archienemigo Joan Laporta, algo totalmente inaceptable aunque pudiera favorecer al éxito del club.
La no contratación de Luis Enrique la temporada pasada, también puede tener su base en el vestuario culé, a cuyos altos mandos se les consultó a la hora de tomar una decisión. Una plantilla acomodada y falta de apetito lo tuvo claro, el riesgo de que un técnico aficionado a las carreras extremas por el desierto, triatlones y demás exigencias físicas los torturara con trabajo especifico y con maratonianas sesiones de entrenamiento, no era plato de buen gusto para ninguno de ellos.

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Así que Martino fue el elegido, Rosell presentó orgulloso su apuesta personal que se alejaba de cualquier paralelismo con el odiado anterior presidente y los jugadores podían disfrutar de la mansa dirección de un entrenador novato en las altas esferas y de carácter amigable, todos contentos, incluidos Atlético y Real Madrid, que han sido los encargados de alejarnos de los dos títulos disputados hasta el momento, con sendas demostraciones azulgranas de falta de todo.
A falta de que alguien decida llevarse esta Liga sin dueño, la temporada en Can Barça ha sido para olvidar, o mejor dicho para recordar, para tener muy presente las cosas que hay que pulir y que no se pueden tolerar, como dejar que Messi modificara la preparación que le ha permitido mantenerse ajeno a las lesiones durante cinco años, o como permitirse el lujo de caer derrotados por rivales inferiores solo por el mero hecho de ser superados en intensidad y ganas.
Luis Enrique será entrenador azulgrana la temporada 2014/15. Nadie sabe si es la decisión acertada o no, pero sí es la lógica. Si la apuesta por el asturiano sale mal, habrá que seguir buscando al capitán que logre enderezar el rumbo de esta nave, pero si sale bien, la sensación que quedará una vez más será la de que esta junta habrá vuelto a cometer una negligencia, un grave error que de no ser por la presencia de un sobresaliente Atlético de Madrid todavía puede acabar en un doloroso triplete blanco con “decima” incluida, con la sensación de que si Rosell y su junta hubieran utilizado su “seny i cordura”, a lo mejor todo esto se hubiera podido evitar.

 

 

A Lisboa por méritos propios

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Poco o nada podían imaginar Florentino Pérez, Carlo Ancelotti y todo el Real Madrid, que lo que se interpondría entre ellos y la gloria al final de esta campaña, sería un viejo conocido como el Atlético de Simeone. La fantástica temporada realizada por los rojiblancos el curso pasado, podía augurar un buen año para un equipo que para sorpresa de todos, se ha mostrado intratable en todas las competiciones. El partido a partido del “Cholo” ha resultado ser una mágnifica estrategia para construir paso a paso un Atlético campeón, un equipo que lejos de mirar al horizonte, se ha dedicado a afrontar uno por uno los retos que se ha ido encontrando semana tras semana, sumando victorias trabajadas que impacientaban a todos aquellos que aseguraban una y otra vez, que este Atlético tarde o temprano acabaría mordiendo el polvo. Tropezó en dos ocasiones, y para más inri ante el eterno rival en semifinales de Copa del Rey, algo que hizo aflorar para los más inseguros los problemas que ha tenido este equipo antaño, cuando su vecino rico se plantaba enfrente. Nada más lejos de la realidad, dicha eliminatoria tan solo fue un espejismo en forma de derrota, puesto que unos meses más tarde, esos 180 minutos de desconcierto son la única razón por la cual los hombres de Simeone no pueden optar a un triplete majestuoso.
Innumerables han sido las victorias por la mínima, que obligaban a imaginar que el día menos pensado este equipo despertaría de su sueño, pero el mismo Atlético capaz de sufrir en casa frente a Granada o Levante, ha logrado vencer con solvencia en Stanford Bridge en toda una semifinal de Champions League, como si se tratara de un escenario de sobras conocido por él. A 270 minutos de poder levantar Liga y Liga de Campeones las piernas siguen sin temblarle, tirando de casta, entrega y fútbol, mucho fútbol, porque este Atlético ha demostrado que como bien decía Michael Robinson es un equipo para todo, un equipo que defiende aguerrido como el Chelsea, que es capaz de contraatacar como el Real Madrid, y que en ocasiones y como ha demostrado ante los londinenses también sabe hacer del campo un rondo gigante emulando las mejores noches del FC Barcelona.

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No nos engañemos, la final de Lisboa tiene un claro favorito, el Real Madrid. El partido podría ser un calco de la final del año 2000, en la que los blancos doblegaron con facilidad al Valencia, en un partido donde a los hombres de Cuper acusaron en demasía la presión de tal evento, para entregar en bandeja “la octava” al conjunto merengue. No obstante, como decía el recientemente desaparecido Vujadin Boskov “Fútbol es fútbol”, de manera que en 90 minutos y con dos equipos que se conocen a la perfección frente a frente cualquier cosa es posible.
Ahora mismo y en clave azulgrana, no queda más que encomendarse a Simeone y a los suyos, puesto que lo que ha sido una temporada negativa a todos los niveles puede convertirse en una pesadilla si el conjunto blanco logra hacerse de una vez por todas con “la décima”, trofeo omnipresente año tras año que tarde o temprano acabará por llegar, pero que como es evidente cuanto más se demore mejor.
Sea lo que fuere lo que le tenga reservado el futuro a este Atlético de Madrid, lo que no deja lugar a dudas es que la afición rojiblanca rendirá homenaje al equipo que los ha devuelto al clímax futbolístico, puesto que incluso en caso de no lograr ninguno de los dos títulos a los que aspira, nadie podrá acusar a ningún jugador colchonero de no dejarse la piel sobre el césped, cualidad que Simeone ha sabido inculcar a los suyos y que tanta falta ha hecho esta temporada en un equipo como el FC Barcelona, la potencia sin control no sirve de nada, pero el control sin potencia ídem de ídem.