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Leo Messi, “Veni, Vidi, Vici”

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La visita del FC Barcelona al Estadio Vicente Calderón, tras dos primeras jornada de liga algo desdibujadas, resultaba ser un escenario perfecto para medir el estado de forma de un equipo que, lejos de atemorizar a sus rivales con un juego arrollador, había creado alguna duda acerca de su salud deportiva. Una vez más el parón por partidos internacionales se convertía en un incómodo paréntesis en el cual los jugadores azulgranas acumularían minutos y numerosas horas de vuelo con sus respectivas selecciones, algo que resultaba ser una dificultad añadida al ya de por si complicado desplazamiento al estadio colchonero.
Para terminar de convertir el Atlético-Barça en un proyecto de pesadilla Claudio Bravo pasaba a engrosar esta semana la enfermería culé, causando baja para dicho encuentro, una ausencia que añadida a las de Alves por lesión y Piqué por sanción desdibujaba un tanto el once ideal que todos hubiéramos querido alinear ante los de Simeone. Pero no acaba aquí la cosa, todo lo nombrado anteriormente puede parecer menos grave si Neymar, Suárez y Messi se encuentran en perfecto estado, algo que parecía una certeza hasta que el argentino aterrizó en Barcelona para, por aquellas casualidades de la vida, perderse el entrenamiento anterior al partido para celebrar el nacimiento de su segundo hijo.
El destino quiso que el Barça de Luis Enrique se presentara en el infierno rojiblanco después de 15 días de inactividad conjunta, con importantes bajas en portería y linea defensiva, con un inicio de temporada un tanto dubitativo y con el mejor jugador del mundo sentado en el banquillo tras la llegada al mundo de su hijo Mateo. La guinda del pastel la puso durante el primer tiempo Thomas Vermaelen, quien tras saborear las mieles del éxito con su gol ante el Málaga volvió a vivir en sus propias carnes la frustración que provoca una nueva lesión muscular, dejando la zaga culé todavía más mermada.

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Hasta el más optimista del lugar comenzaba a dar por bueno un empate en el Manzanares, es cierto, jamás debe uno conformarse con un punto, pero ante tales circunstancias salir del feudo atlético empatado a puntos con rojiblancos y merengues podía ser considerado un mal menor.
Pero la que debía ser una desagradable pesadilla fue tornándose con el paso de los minutos en un placentero sueño. El Barça echó de menos como es lógico a Leo Messi, pero en ningún momento pasó los apuros que se pudieron presuponer en un primer instante. Se hizo con la posesión total de la pelota ante un Atlético que navega un tanto perdido en busca de una nueva identidad futbolística, creó ocasiones de peligro que lamentablemente no logró convertir en gol, y se marchó al descanso con la sensación reparadora de que sin su mejor hombre vencía a los puntos en uno de los estadios más complicados del panorama internacional.
Pero lo más importante llegó tras la reanudación. Importante porque ponerse por detrás en el marcador en el Calderón suele ser sinónimo de tragedia, y vital porque a pesar de que el tanto de Torres llegó en un despropósito defensivo de Alba y Ter Stegen, el equipo lejos de bajar los brazos contrarrestó el golpe recibido con una réplica física y psicológica que mermó el estado anímico de los hombres de Simeone. Neymar tomó los galones para empatar con un tanto de falta sublime, magistral, cualquier adjetivo que resalte la belleza del tanto es válido, un gol que Messi disfrutó desde la banda, listo para saltar al rescate de los suyos, un equipo que invitó al argentino a entrar en el campo sin la presión de tener que anotar dos goles.

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Para el Atlético el partido murió en gran parte con el golazo de “Ney”, habían logrado la ventaja en el marcador sin haberlo merecido, sin apenas tiempo para organizar el “cerrojazo” el empate había subido al luminoso, y la tablilla del cuarto árbitro anunciaba amenazante la llegada del emperador a la batalla, el ingreso de Messi en el césped desniveló la guerra.
Desde entonces y hasta el final el Leo más sublime se encargó de dibujar sobre el campo el recorrido hacia la victoria, todo pareció mucho más fácil, tocó y tocó hasta crear espacios, se fue de quien quiso cuando quiso, creó desajustes allá por donde pasó, y firmó el definitivo 1 a 2 en una bonita jugada que sirvió para que Mateo tuviera su ansiada dedicatoria.
En el año 49 a.C. el emperador romano Julio Cesar entonó el “Veni, Vidi, Vici” tras derrotar a Farnaces II en la batalla de Zela, quizás en esta ocasión sea otra personalidad la que pueda pronunciar dicha frase, el emperador del fútbol llegó al Vicente Calderón, vio la primera mitad desde su asiento, y salto al campo de batalla para vencer al oponente, el particular “Vine, Vi y Vencí” de Leo Messi, una vez más imparable y decisivo para los intereses del FC Barcelona.

Un pensamiento sobre “Leo Messi, “Veni, Vidi, Vici””

  1. Completamente de acuerdo con tu visión del partido y, a mi entender, un golpe encima de la mesa el que ha dado el Barça tras su solvente victoria lograda pese a todos los condicionantes que rodeaban el choque.

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