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Leones y perezosos

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El sueño de un nuevo sextete comenzó a forjarse el pasado martes. Un enfrentamiento a partido único en pretemporada ante un equipo brillante como el Sevilla resultaba a priori, el escollo más difícil de superar para poder conseguir de nuevo seis títulos en un mismo año. A pesar de las dificultados sufridas y del deficiente nivel defensivo mostrado la victoria fue un hecho, de manera que con el cuarto título en el bolsillo la posibilidad de que la Supercopa de España se escapara resultaba inimaginable, ya que en un enfrentamiento a doble partido con la vuelta en el Camp Nou cualquier persona con dos dedos de frente daría al Barça como claro favorito. Con lo que no contaban todos y cada uno de los seguidores azulgranas era con el ataque de entrenador de Luis Enrique, una repentina lucidez del técnico asturiano que lo llevó a colocar sobre el césped de San Mamés hasta siete jugadores no habituales en el once de gala barcelonista. Todos estaremos de acuerdo en que las rotaciones son necesarias, más teniendo en cuenta que la campaña 2015/16 será muy exigente con partidos de alto voltaje desde el inicio y con la intención de que el equipo llegue lo más fresco posible a la parte final de la temporada, no obstante la idea de saltar a un estadio como el bilbaino, donde los locales muerden como su sobrenombre indica, con jugadores poco acostumbrados a formar de inicio en las grandes ocasiones, acabó siendo un suicidio que convierte el sueño del sextete en algo poco menos que imposible.

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Al final del primer asalto de la Supercopa de España podemos decir que cada uno tuvo ni más ni menos que lo que mereció. A pesar de que en muchas ocasiones el fútbol no es justo ayer sí lo fue, recompensó al que buscó con todas sus virtudes la victoria, y castigó severamente al que tan solo se dedicó a intentar parar una hemorragia mortal con una simple tirita. Los 90 minutos de San Mamés se convirtieron en un auténtica pesadilla, no nos resulta inverosímil ver a un Barça desconocido, pues hasta mediados de la temporada pasada los de Luis Enrique nos mostraron en más de una ocasión una versión poco lúcida del mejor equipo del mundo, no obstante lo que dejó con la boca abierta a los seguidores azulgrana fue la falta de actitud de un equipo mermado por la presencia excesiva de jugadores poco habituales, unos suplentes que lejos de reivindicarse firmaron su sentencia para poder disfrutar tan solo de los minutos basura y de alguna competición poco atractiva como la Copa Catalunya.
Perder la Supercopa no debe ser una hecatombe, al fin y al cabo esto acaba de empezar, pero la imagen mostrada por el equipo y la falta de fiabilidad del banquillo culé pueden ser un lastre importante en un inicio de temporada donde el calendario no es excesivamente benévolo con los de Luis Enrique. Sabemos a ciencia cierta que la alineación de gala del entrenador asturiano es capaz de adjudicarse una Champions vapuleando a todo rival que ose ponerse en el camino, pero también hemos sido testigos del salto cualitativo que vive el equipo cuando los menos habituales deben suplir a sus compañeros, un hecho que puede convertir la temporada en un auténtico rompepiernas para los jugadores “TOP” de este grupo.

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A pesar de que el título se ha puesto muy cuesta arriba, no debemos dar al Barça por muerto hasta que los 90 minutos en el Camp Nou den por finalizada la competición. Hace años resultaría inimaginable una remontada con un 4 a 0 en contra en la ida, y a pesar de que la historia culé nos dice que este club no ha remontado nunca un resultado semejante, si existe un equipo capaz de lograrlo ante su público este es sin duda el barcelonista.
La tragedia vivida en San Mamés tiene varios culpables, pero sin duda la decisiones tomadas por Luis Enrique lo convierten en el máximo responsable de la humillación sufrida en Bilbao. El fútbol es caprichoso, y probablemente un resultado ajustado hubiera convertido a “Lucho” en técnico valiente que confía en todos sus jugadores. Con 1 a 0 en el marcador un larguero de Pedro y una ocasión de Leo Messi pudieron cambiar el rumbo del partido, pero para desgracia del entrenador el empate jamás llegó y la goleada acabó siendo un hecho, un doloroso resultado que acabó condenando al autor de unas decisiones extremadamente arriesgadas que pueden haber convertido el sueño del sextete en una auténtica quimera. El muro en que se había convertido hace unos meses la defensa del equipo ha dado paso a un auténtico colador, ocho goles encajados en dos partidos es una cifra completamente inadmisible para una zaga que debe ser el pilar de un equipo diseñado para el ataque constante, el principal problema a solucionar de cara a un inminente comienzo de temporada donde los ensayos quedan a un lado.
En San Mamés los “leones” fueron ni más ni menos que eso, “leones”, eso ya lo podíamos imaginar, lo que no entraba en lo previsto es que los que debían ejercer de domadores acabarán devorados cual perezoso, un animal lento, poco activo y sin ningún tipo de armas con las que dañar a su depredador, un triste y fiel reflejo de lo que fue el Barça en Bilbao.

Un pensamiento sobre “Leones y perezosos”

  1. Mal partido del Barça, aunque, en mi opinión, para bien o para mal son los jugadores los máximos responsables de lo que pasa en el campo. Si bien es cierto que todavía estamos en pretemporada y que la Supercopa es, con mucha diferencia, el título menos importante de los que deberá disputar el Barça esta temporada, no es de recibo la imágen que dio el Barça en San Mamés, especialmente en defensa. Confiemos que para el inicio de la Liga se hayan corregido estos fallos.

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