Quien fue a Sevilla…

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Era demasiado bonito para ser verdad, visitábamos un estadio donde el equipo local sumaba 31 encuentros sin conocer la derrota ante su público, donde supuestamente el Barça debería sudar sangre si no quería ver reducida su ventaja con el Real Madrid, donde daba comienzo un serie de partidos de vital importancia para el desenlace de la temporada, y a pesar de todo eso nos estábamos paseando. El Sevilla yacía tumbado boca arriba ante su adversario, semiinconsciente ante un alud futbolístico que recordó por instantes al mejor Barça de Guardiola, incluso la sensación de que con el 0 a 2 el Barça podía llegar a golear fue latente durante algunos minutos.
Emery apenas braceaba, un técnico que nos tenía acostumbrados a danzar por la banda cual poseso observaba inmóvil junto a sus ayudantes como los hombres de Luis Enrique habían maniatado y posteriormente adormilado a sus pupilos, hasta domarlos del todo a la espera de que llegara el fin del primer tiempo.
Pero evidentemente aquello no podía ser tan sencillo, tenía que tener trampa, lo que realmente resulta problemático es que la trampa nos la fabricamos nosotros mismos, la colocamos en un lugar estratégico, y posteriormente caímos en ella despertando de esa manera a la fiera que dormía plácidamente en nuestro regazo.
Bravo, con una acción desafortunada, metió al Sevílla en el partido, Suárez con su síndrome de la escopeta de feria, le dio alas a un equipo que necesitaba los errores ajenos para poder meterle mano al rival, y por último Piqué ensució una hoja de servicio inmaculada con un fallo que bien podría valerle una temporada en el calabozo.
El Barça ha utilizado su comodín con la primera piedra de toque, por delante nos queda Valencia en el Camp Nou, un Espanyol hipermotivado como es habitual ante los azulgranas y una visita al Manzanares en una penúltima jornada de infarto, además de varios partidos “trampa” ante rivales teóricamente inferiores. Antes de visitar el Sánchez Pizjuán creíamos capaces al Barça de vencer en todos los compromisos de liga que restaban, tras el empate a dos, existen dudas incluso de que pueda sumar tres puntos en Córdoba, en el horario “maldito” de las 16:00 horas que en nada ha favorecido a los de Luis Enrique esta temporada.

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Para añadirle un poco más de gasolina al fuego, todo este carrusel de finales viene acompañado de una eliminatoria de Champions ante el PSG, un conjunto francés que estará mermado por las lesiones y las sanciones en el partido de ida, pero que puede resultar igual de nocivo para los intereses culés si los barcelonistas muestras la versión de la segunda mitad en Sevilla en vez de la de la primera.
Claro está que para subir una escalera sin riesgo de caída hay que hacerlo peldaño a peldaño, ante un mes infestado de partidos cruciales para este equipo nada ni nadie debe fijar la vista en un compromiso que no sea el siguiente en el calendario, sea quien sea el rival o la competición. Tiempo atrás y ante la situación que vivía el Barça tras la derrota en Anoeta, cualquier aficionado azulgrana con dos dedos de frente hubiera firmado nuestro presente, aventajar al Real Madrid en dos puntos en liga, enfrentarnos con el campeón francés en cuartos de final de Champions, y con una final de copa pendiente en nuestro estadio ante un contrincante teóricamente inferior. Pero lo cierto es que los puntos que volaron en Sevilla dolieron no por el hecho de perderlos, sino por como se dejaron escapar, en un acto de negligencia colectiva e individual que otorga el derecho a todo socio y aficionado de este club a pedir el libro de reclamaciones.

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Y todo porque perder esta liga por méritos del rival puede resultar incluso aceptable a pesar de que ser del Barça suponga no aceptar jamás una derrota, pero regalársela al Real Madrid de Cristiano Ronaldo y Florentino Pérez con errores de bulto como los del Sánchez Pizjuán sería realmente intolerable.
En el colegio se solía utilizar una expresión para justificar el cambio de asiento con algún compañero, “Quien fue Sevilla perdió su silla” decíamos cuando alguien quería recuperar la plaza que le habíamos ocupado, el Barça afortunadamente no ha perdido todavía nada, pero sí le ha dado alas al eterno rival para creer con más fuerza que la remontada es posible, de manera que modificando el dicho para que tenga sentido podemos afirmar que “Quien fue a Sevilla….al Madrid le dio vidilla”.

Un pensamiento sobre “Quien fue a Sevilla…”

  1. Es verdad que el Barça cometió errores graves pero también es verdad que jugó sus mejores minutos del año; confiemos que pesen más esos buenos minutos que los errores que costaron dos puntos el sábado.

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