Un domingo cualquiera

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A primera vista la semana no era demasiado alentadora, después de lograr mantener las distancias con el Real Madrid doblegando al Villareal por un resultado ajustado, los blancos tenían la oportunidad de poner tierra de por medio con el Barça, disputando su partido de liga aplazado frente al Sevilla. A la más que probable victoria blanca debíamos añadir la inminente visita de los azulgrana a un campo como San Mamés, estadio donde a pesar de que el Athletic no está realizando su mejor temporada en liga, el Barça suele sufrir para sacar sus partidos adelante.
Los días transcurrieron sin novedad, el Madrid cumplió con los pronósticos y superó con sufrimiento al Sevilla en una nueva prueba del bajón que atraviesan los blancos, llegando al fin de semana con cuatro punto de ventaja sobre el eterno rival, un buen margen de maniobra para afrontar el derbi madrileño sin una excesiva presión. Pero la calma que gobernaba el paso del tiempo se tornó en una tormenta de acontecimientos, la cual ha zanjado la semana con un bagaje más que positivo para un Barça que vuelve a depender de si mismo para lograr el título de Liga.
Podía entrar en todas la quinielas que el Madrid se dejara algún punto en el Calderón, más teniendo en cuenta los últimos partidos entre los dos equipos de la capital, lo que ya no parecía tan previsible era la humillación en que se convirtió el duelo tras 90 minutos de asedio rojiblanco. Los de Ancelotti se vieron superados en todas las lineas, incluso en la psicológica, la cual dejó patente que Simeone sigue motivando a sus hombres a la perfección. El Atlético devoró, masticó y tragó a un rival que cayó fulminado tras una serie de golpes certeros que, de haberse tratado de un combate de boxeo, hubieran llevado al técnico italiano a tirar la toalla en busca de minimizar daños.
Así amanecía el domingo, con las portadas de los periódicos deportivos haciéndose eco de la humillación sufrida por el actual campeón de Europa a manos de su rival ciudadano, aquel equipo menos afortunado que tuvo que soportar con impotencia como su vecino rico presumía de casa, coche y familia y se le reía en la cara durante muchos años. Y entre tanto barullo, el Barça partía hacia Bilbao con la sensación de que era ahora o nunca, el motivo por el cual había peleado en los últimos partidos, un pinchazo blanco, se había producido, y ganar al Atlético con solvencia, remontar ante el Villareal por dos veces y el resto de victorias trabajadas no habrían servido de nada si no se conseguía ganar en San Mamés.

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El Barça ha hecho un muy buen partido en Bilbao, incluso podría decirse que ha estado soberbio, ha logrado el objetivo que esta vez suponía mucho más que sumar tres puntos, ha consumado el intercambio de estados anímicos con el Real Madrid dándole la vuelta a una situación que a principios de año parecía insostenible y que ahora afecta de lleno al conjunto blanco, llegando a la parte crucial de la temporada en una forma esplendida que sorprende por igual a partidarios y detractores, y lo que es muy importante parece no tener techo.
Un domingo cualquiera este equipo bajó a los infiernos haciendo creer a todo el mundo que el Barça había muerto, que la resurrección en busca de dar continuidad al mejor conjunto de la historia tan solo había sido un sueño que se desvaneció antes si quiera de poder fantasear con él. Un domingo cualquiera Piqué, Busquets y Luis Suárez dejaron de asombrar al mundo con lo que les convertía en fuera de series, y un domingo cualquiera lo han vuelto a recuperar para dar vida a una de las mejores columnas vertebrales que ha tenido este club, haciendo olvidar al aficionado que hasta hace bien poco ninguno de los tres pasaba por un buen momento.

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Un domingo cualquiera Cristiano Ronaldo, Benzema, Marcelo y compañía se levantaban de la cama al puro estilo “Resacón el Las Vegas”, después de una fiesta desenfrenada celebrando como auténticos profesionales que el Atlético les había humillado cruelmente, incapaces de hacer cuentas y de caer en el hecho de que pocas horas más tarde, un Barça voraz podía estar a tan solo un punto de distancia en la clasificación y a millones de años luz en cuanto a sensaciones. Algo está cambiando, ahora más que nunca da la sensación de que los azulgranas reman juntos en la misma dirección, la cercanía de los momentos clave y el estado de forma que demuestra este equipo están empujando a la gente a creer en ellos, la fe que parecía perdida es ahora la que mueve montañas, la de una afición que vuelve ver como la ilusión creada a principio de temporada se ha regenerado por completo, un domingo cualquiera este Barça nos decepcionó por completo, un domingo cualquiera ha vuelto a conseguir que nos sintamos orgullosos, ahora más que nunca debemos creer en que todo es posible, sin ninguna duda “I believe”.

Un pensamiento sobre “Un domingo cualquiera”

  1. Como bien apuntas el viento ha cambiado y todo parece ir a favor del Barça; además, los próximos cinco partidos son bastante asequibles lo que debería permitir a los azulgrana centrarse en Copa y Champions sin dejar de presionar al Real Madrid antes de que los blancos visiten el Camp Nou en seis semanas.

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