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Un problema y varios culpables

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Por si la derrota en el Santiago Bernabéu no hubiera sido suficientemente dolorosa, el segundo batacazo consecutivo en apenas siete días sumerge al equipo y al aficionado en un ambiente de pseudocrisis que no aporta nada positivo al entorno del barcelonismo. El 0 a 1 frente al Celta convierte un inicio de temporada más que esperanzador en una especie de “deja vu” que revive las sensaciones negativas vividas la temporada pasada. Con la llegada de Luis Enrique al banquillo azulgrana, el seguidor culé parecía asegurarse el buen rendimiento de sus jugadores sobre el terreno de juego, algo primordial tras la deficiente preparación física que evidenciaron los jugadores mientras Gerardo Martino estuvo al frente de la plantilla. Las primeras jornadas de liga devolvieron a nuestras retinas las imágenes de un Barça hambriento, motivado ante el desafío que supone devolver al equipo a lo más alto del firmamento futbolístico, un desafío que empezó a ser creíble gracias a la puesta en escena de un equipo que presionaba en ataque como en la era Guardiola, que no encajaba goles ni concedía ocasiones, y que por si fuera poco, volvía a disfrutar de la presencia de un Leo Messi activo en todas sus facetas. Pocas semanas después de que todos estos factores devolvieran la fe a toda una masa social dolida con el bochornoso final de la temporada pasada, los cimientos de este nuevo Barça han empezado a tambalearse cuando su construcción parecía ser bastante sólida. Como si de un edificio se tratase, las grietas que han aparecido en sus paredes pueden ser debidas a la deficiente gestión de ciertos integrantes del proyecto, aunque en este caso constructor, arquitecto y peones parecen tener culpa a partes iguales. Andoni Zubizarreta, Luis Enrique y la plantilla del FC Barcelona son los encargados de dilucidar si tras la decepción sufrida la temporada pasada este Barça retoma el vuelo para volver a ser el mejor club del continente, o por el contrario continúa un peligroso descenso en picado con serio riesgo de impacto.

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Un año más el director deportivo azulgrana ha vuelto a ser objeto de criticas por parte de la afición culé. Como viene siendo habitual las incorporaciones realizadas por Zubizarreta han sido cuanto menos cuestionables, y a pesar de gozar del supuesto beneplácito del técnico en todas ellas, continúa realizando fichajes que no aportan en su mayoría lo que de ellos se espera. La llegada de Mathieu y Vermaelen ha resultado ser la guinda a una desastrosa gestión de altas y bajas que agotó la paciencia del seguidor barcelonista hace ya tiempo, y ante la cual tan solo los buenos resultados del equipo podían esconder la penosa labor que el ex portero azulgrana lleva a cabo en la dirección deportiva del club. A pesar de los pocos goles encajados, la defensa culé ha quedado en evidencia en los dos únicos partidos en que se ha visto exigida, una linea defensiva que este verano se ha reforzado con un lateral izquierdo fichado para actuar de central, por un central nato que a día de hoy no ha jugador ni un solo minuto en partido oficial debido a unos eternos problemas físicos y con la llegada de un lateral derecho procedente de una liga menor que no parece ser un relevo de garantías ante el último año de contrato de Dani Alves, sin duda una auténtica lástima.

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Por su parte “Lucho” empezó muy bien su andadura como técnico barcelonista. A pesar de llevar a cabo una pretemporada donde el equipo generó más bien dudas en vez de disiparlas, con la llegada de los partidos oficiales el entrenador asturiano consiguió empapar a su grupo del carácter luchador por el que todos le conocemos. Las victorias comenzaron a llegar una tras otra con una magnífica actitud de sus jugadores, quienes nos convencieron de su implicación con el nuevo proyecto, hasta que la visita a La Rosaleda evidenció por momentos una leve recaída en las malas costumbres que nos hicieron sucumbir el pasado año. Después de aquel día cualquier parecido entre el Barça actual y el de dos meses atrás es pura coincidencia, con las derrotas ante PSG, Real Madrid y Celta y las victorias con poco brillo sobre Rayo y Ajax, el equipo ha entrado en una dinámica negativa preocupante que lejos de mejorar parece empeorar con el paso de los días. Luis Enrique ha entonado el “mea culpa” ya sea por convicción o empujado por la protección a sus jugadores, algo que le honra pero que no lo librará de las críticas en caso de que el Barça no mejore.

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Por último hay una serie de jugadores en la plantilla del FC Barcelona en los que recae la gran responsabilidad que supone volver a celebrar títulos al final de esta temporada. Los Messi, Iniesta, Piqué, Pedro, Busquests o Dani Alves son sabedores de que su aportación será básica si el equipo quiere levantar trofeos a unos meses vista, y ninguno de los citados puede afirmar que se encuentra en un gran momento de forma. La regularidad demostrada por todos ellos años atrás ha dado paso a un rendimiento inferior que los pone en evidencia semana tras semana, ante un público que ha podido disfrutar su mejor versión no hace demasiado y que asiste atónito a la par que indignado a su decadencia personal.
De los tres focos de culpabilidad nombrados hay uno que podemos dar por perdido. Zubizarreta ha vuelto a decepcionar un verano más con su labor, algo que no sorprende a nadie y que nos obliga a buscar la consolidación de un Barça triunfador con lo que tenemos y no con lo que necesitamos. No obstante tanto Luis Enrique como sus jugadores disponen de tiempo para enmendar sus errores con trabajo y sacrificio, unas aptitudes de las que dispone el asturiano pero que ciertas piezas fundamentales de este equipo parecen haber borrado de su disco duro, los problemas de este equipo están localizados, poder solucionarlos o no desgraciadamente es otra historia.

 

Un pensamiento sobre “Un problema y varios culpables”

  1. La situación actual es un poco desconcertante, ya que diferentes incógnitas afectan al equipo y ninguna de ellas parece tener soluciones claras; sí el Barça puede recomponerse en las próximas semanas puede tener una importancia capital en el desarrollo de la temporada.

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